La Habana, Día 3: 30/04/13

Martes 30 de abril

Día 3 de 5. Me desperté como a las 7 estresado y ansioso por empezar a hacer el video. Llevaba desde el 25 de marzo pensando qué hacer y el día por fin llegó. Me obsesioné en buscar y conseguirme antes de mi entrevista con la prensa (tenía que estar en el lobby a las 10 30), la música que iría de fondo en mi video. Yo siempre he hecho los videos con la música como elemento organizador del material y el hecho de no poder usar cualquier canción y tener que limitarme a usar una de las -no tan buenas- canciones que venían puestas en el iPad me tenía preocupadísimo. Así que me duché rápido me tomé un cerdo desayuno de nutecino® (más conocido como tocino con nutella) y partí decidido a encontrar y grabar en vivo una canción que me acomodara al tiempo y ánimo que tenía pensado para el video.

Lo primero que hice fue ir a la casa de mi nuevo amigo Ariel que había conocido el domingo a preguntarle si sabía de algún músico o músicos que me pudieran ayudar. Su casa quedaba a dos cuadras del hotel, es decir en un lugar bien turístico y fue muy bacán mirar a los bicitaxistas que me gritaban taxitaximyfriend con cara de yo soy de aquí y desaparecer metiéndome a un edificio residencial. Ariel y su señora Rosita me hicieron pasar y antes que les preguntara cualquier cosa me tenían tomando café sentado en una reclinadora mientras me hablaban de poesía y me regalaban libros de José Martí. Cómo me sorpendí cuando vi el reloj y ya eran casi las 10:20! No estaba ni cerca de tener solucionado el tema de la música y me tuve que ir al hotel corriendo a buscar la polera negra que me pidieron que usara en la entrevista.

Entrando a la pieza suena el teléfono y era Sam, una de las organizadoras principales de Saatchi, diciéndome que la entrevista se adelantó y que me estaban esperando en el lobby para partir al malecón. Nos fuimos apretados en un bicitaxi Sam, Ivaylo de Bulgaria y yo y llegamos en 5 minutos. En la costanera, me estaba esperando un equipo de videógrafos ingleses debajo de un quitasol y me dijeron que la entrevista sería en inglés para que quede todo el video de registro en un solo idioma. Eso no me gustó nada. En fin, me hicieron varias preguntas tipo, como por qué crees que te deberías ganar el año sabático, cuál es tu destino favorito y cosas así. Al final no fue tan terrible porque los periodistas entendían que estaba nervioso y pedían respuestas cortas y concisas para que el video fuera rápido así que si me equivocaba podía repetirlo sin problemas.  Terminanda la entrevista y sacándome eso de la cabeza pude disfrutar por fin del lugar en el que me encontraba: el famoso malecón de La Habana.

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La cámara me ama.

A esta costanera cubanos y turistas recurren para descansar y darse un respiro de vez en vez. Caminar por kilómetros mirando el mar, a los pescadores, la ciudad al fondo, al relajado ritmo cubano es una experiencia que pareciera estar construída. No quiero ponerme fome pero desde el punto de vista arquitectónico/urbanístico, el malecón es un paseo que juega con tu estado de ánimo; te obliga a resignarte a pensar que queda mucho por recorrer y que no te queda otra que bajar el ritmo. si estás apurado automáticamente el ruido del mar y el recorrido parejo no te dan otra opción más que respirar lento y desprenderte de un paso del tiempo que en Cuba parece que no existiera. Incluso está hecho a la altura perfecta para sentarte cuando quieras mirando al mar o, si prefieres, a la calle.

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El Malecón. Foto: Richard Heald

Me fui por las ramas. El malecón no lo recorrería el martes si no el miércoles. Ahora me quedaría pegado hablando con Yaomí y Verónica, dos “cuentapropiístas” (trabajadoras con negocios no estatales) que estaban dándose un respiro en la mitad de una agotadora semana y se habían tomado el día (les recuerdo que era martes). Al lado del lugar de las entrevistas ellas estaban viendo por qué estaban las cámaras y en cuanto terminé se acercaron a mí a preguntarme qué onda. Les conté del concurso, del premio, del video y de qué tenía que hacer y me ofrecieron hacerme un tour por su verdadera Habana más cotidiana a cambio de unas cervezas. Caminamos unas 10 cuadras hasta adentrarnos un poco en la ciudad, alejándonos de la Habana Vieja, lugar que ya estaba empezando a conocer por su cercanía al hotel, y nos subimos a un bicitaxi para que me llevaran al mercado. Me dijeron que para que pasara un poco más piola me transformara: me dijeron que me pusiera la mochila de una manera menos turista, que caminara más suelto, y que me sacara las manos de los bolsillos, no porque fuera mala educación sino porque daba “una mala impresión. Yaomi me dijo que así pasaría más por estudiante de intercambio y no como gringo entrometido.

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Esta foto la sacó Richard mientras me entrevistaban. El de verde es Thomas, un francés coordinador del concurso de Havana Club, y el de negro es Ivaylo esperando su turno para la entrevista. Las de atrás son Yaomí y Verónica.

Con tanto cambio de apariencia me empezó a entrar una paranoia no menor y les pregunté qué estábamos tratando de evitar. Eran buenos para asaltar los cubanos? Me contestaron con un no rotundo, que en Cuba no hay lanzas, que nadie se atrevería jamás a robarle a un turista sin su consentimiento. Cómo así? Las estafas a los turistas son hechas por cazaturistas expertos en el tema, más conocidos como  jineteros. Ellos estafan y engañan a los extranjeros confundiéndolos con los cambios de monedas o diciendo poder conseguir habanos baratos y desapareciendo una vez recibida la plata. Así que tranquilo chico que no hay problema, que el cambio de aspecto es para que el video salga más natural. Velaban por la veracidad de mi video.

Llegamos a un decepcionante mercado con gente común y corriente con actitud de mall pero en condiciones más cubanas: edificio antiguo y oscuro, en vez de tiendas, puestos con manteles y cachureos, y gente con actitud de lunes. Eso último sí que era raro, hasta ese momento solo me había topado con gente en actitud de fin de semana. Salirme del mundo turista y meterme a la rutina habanera era algo que estaba buscando pero no me pareció nada atractiva para mostrar en el video. No es que quisiera mostrar solo la cara bonita e ignorar la parte fea de la cultura pero en verdad me daba lata mostrar a gente con actitud de metro de Santiago en un video sobre la sabrosura cubana y su expertise en cómo vivir la vida. Así que salimos de ahí, les agradecí a las dos con un par de cervezas por el paseo y me fui a caminar solo por Centro Habana.

Recorriendo, me metí a un par de librerías, y, obviamente, solo se mostraba un lado de la moneda ideológica y eso se sentía rarísimo. Uno está acostumbrado a mirar con un ojo crítico cualquier afirmación política, ya sea en internet, en la biblioteca de la universidad, en un cartel de la calle, etc. En esa librería y en todas a las que pude entrar, solo vi libros y tratados de lo bien que iban los Castro y su revolución, de cómo el imperialismo gringo mató la economía de la isla y cosas por el estilo. Uno pensaría que a esta altura, con internet y con una aparente decadencia del control del estado sobre la gente, habría un poco más de variedad política pero, por lo menos en lo que uno podría encontrar en la calle como material complementario a una opinión bien fundada, solo existe una versión “correcta” de la realidad.

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Nada más normal que ver pinturas en la calle y al interior de las casas idealizando a los padres de la revolución. Foto: Richard Heald

Ya eran casi las 2 y toda la mañana se me había esfumado. No llevaba nada del video y ni siquiera tenía la música de fondo. Me ubiqué en cuanto vi la calle Neptuno, que es la que usamos la noche anterior para volver caminando al hotel desde la Casa de la Música y me fui directo a la casa de Ariel porque en nuestra conversación de la mañana algo comentó de un tal Raul “el trovador” y quería ver si podíamos hacer algo con él.

La actitud de Ariel y Rosita nunca dejó de impresionarme. En cuanto llegué y les demostré mi angustia por el tiempo que llevaba gastado partimos a caminar al otro lado de la Habana Vieja a grabar a Raúl, el trovador. En el camino me relajé de nuevo con el city tour que me estaban dando. Me mostraron iglesias, un taller de serigrafía y el asilo estatal en el que vive Raúl. Sí, “el trovador” tiene 80 años y para entrar a su pieza tuve que dejar mi carnet en la entrada con un guardia con un gorro del Che. Nos recibió a los tres con mucho cariño y Ariel, muy ansioso, le pasó la guitarra para que me mostrara su versión de Guantanamera.

Yo pensaba que esto se iba a demorar un segundo, que íbamos a grabar y que yo iba a seguir haciendo mi video pero resultó ser una clase de ritmo cubano en todos los sentidos: sobre cómo se toman el tiempo para hacer las cosas aunque estén apurados y cómo la música la llevan en la sangre. El trovador tomó la guitarra, se demoró como un minuto en acomodarse en su reclinadora, medio minuto en acomodar sus dedos tiritones en el acorde que estaba tratando de recordar y el primer rasgueo fue fatal. Una nota desafinada y suelta como la de un adolescente tocando por primera vez. Ahí si que me preocupé.

Igual, y por cortesía, por todo lo que habían hecho Ariel y Rosita por mí, agarré el iPad y empecé a filmar sin esperanza lo que sea que siguiera. De un segundo a otro se acordó cómo tocar y qué manera de tocar! Qué bien cantaba y qué pasión le ponía! No tiene mucho sentido describir la canción pero les juro que es lejos pero lejos la mejor versión de Guantanamera jamás interpretada. Nunca me esperé esa calidad. Tocó varias canciones más y las grabé casi todas. Sus vecinas de pieza se asomaban por la ventana y le gritaban “todavía con la guitarra Raulcito!”. No había como callarlo! Pasó más de una hora tocando y después de terminar con “Si vas para Chile” me dio un cálido abrazo (sin despegarse de su reclinadora) y me despedí de todos.

Eran alrededor de las 5 ó 6 de la tarde, me había cundido poco pero tenía harto material de Raúl cantando para hacer un video muy bonito- El problema era que, a menos que hiciera magia con la edición, el video quedaría bien lento. Así que concluí mi jornada de filmación y me retiré a mis lujosos aposentos del Hotel Parque Central a pensar bien y de una vez por todas en la estructura del video para poder tomar una decisión de qué grabar específicamente el próximo día.

Motivado por las imágenes de Raúl que tenía registradas en el iPad, traté de meterlas en la idea que venía pensando desde hace más de un mes. Sabía que el video tenía que ser dinámico, creativo, original, que dijera mucho de la cultura cubana (lo bueno y lo malo) manteniéndose siempre optimista y positivo. Sabía que entre los jueces que decidirían quién se ganaría el viaje por el mundo habría dos directores de cine y que el material no sería juzgado solo por su contenido sino que también por su forma, por lo tanto no podría ser fome. ¿Cómo mostrar en un video de 3 minutos el ritmo relajado tan característico de los habaneros sin volverlo aburrido y tedioso? Usando lo que ya tenía grabado ¿Qué pasa si me colgaba de los clichés que nos llegan a los turistas como las viejas fumando habanos, los autos antiguos o la misma canción Guantanamera y los analizaba a concho hasta llegar al fondo de la cultura?

Me acordé que entre las largas conversaciones con Rosita, ella me contó que declamaba muy bien a José Martí, el autor de la poesía que le da la letra a la canción de Guantanamera. Así que me decidí por eso: el próximo día iría por tercera vez a la casa de esa simpática pareja a grabar a Rosita declamar los versos originales de la canción cubana más cliché y conocida por los extranjeros como yo. Ese sería un concepto interesante que podría unir todo el material que llevaba y que sabía que diría mucho de la verdadera esencia musical de la Habana, es decir de mi interpretación personal de la “esencia de la Habana”. Podría poner la música de fondo y la declamación encima y una vez filmado eso, me dedicaría a analizar otros clichés. En la noche del próximo día editaría y así, quizás alcanzaría a terminar a tiempo. Estaba decidido.

Desligado a medias del video por el momento, y un poco más tranquilo, eran casi las 8 de la tarde y mi exigente vida social de rockstar me llamaba. Nos juntamos en el lobby como siempre y partimos en bus al restorán privado Le Chansonnier. Me senté con la Nati, Calan, la jueza Vicky, Leenke de Bélgica y varios brand managers que no se integraban con el mismo entusiasmo de los finalistas. Todos comimos Pato Le Chansonnier que por el puro nombre se cacha que estaba exquisito. En el itinerario la comida era entre 8 y 11 pero a las 9:30 ya estábamos todos listos y como estaba organizado por ingleses puntuales nadie se paró de la mesa hasta las 11 en punto, obligándonos a todos a tener una sobremesa larguísima. En esa sobremesa hablamos del tiempo que llevábamos en La Habana, de lo que habíamos hecho de lo poco que quedaba y de lo que cada uno haría el próximo día, último día de filmación.

Yo les conté que Yaomí me había contado que a las 7 am, antes de que pegue el sol, en la Plaza de la Revolución habría un mega desfile de los trabajadores estatales que marcharían por la continuidad de la revolución y que, aunque fuera temprano no me lo perdería ni muerto. Además decían que hasta podría ir Raúl Castro. Todos se entusiasmaron (algunos ya sabían) y decidimos juntarnos el próximo día a las 7 en el lobby.

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Publicado en La Habana

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