Nueva York, Día 11: 02/08

El día once fue un día de barrios.

Nos levantamos a tomar desayuno acá mismo, porque compramos cereales, leche y jugo de naranja, opción benéfica tanto para el bolsillo como para el flujo arterial. Benja eligió los cereales, que son como mini galletitas con chips de chocolate. Muy ricos, debo decir.

Salimos y nos alegramos al ver que el día estaba bonito (sólo vemos la luz solar una vez que salimos de nuestro querido sucucho), y nuestro plan de ir al High Line no se frustraría de nuevo. Nos tomamos el metro hasta la 23, en el barrio de Chelsea, al suroeste de Manhattan. Caminamos hacia arriba por el barrio hasta que encontramos el Highline, un parque que Benja describe con elocuencia, a lo Federico Sánchez, en el siguiente video.

En verdad era precioso, una de las mejores cosas que hemos visto hasta ahora. Era mucho más largo de lo que pensábamos, lo que fue una buena sorpresa, y el trabajo de paisajismo variaba por sección (no sé como ponerlo sin que suene snob). La cosa es que era  demasiado entretenido, y creo que el video y las fotos hablan por sí mismas.

Por la 22 bajamos un rato del Highline y pasamos por el distrito de las galerías, que se extiende por un par de cuadras. Vimos exposiciones bien choras, pero sobretodo nos llamó la atención la buena de las galerías en sí. Volvimos a subir al Highline y caminamos por él hasta que se terminó, en el Meat Packing District. Se trata de un barrio de antiguos galpones al lado de los muelles, que ahora están remodelados y convertidos en restoranes gourmet muy entretenidos (pero caros). Se parece a Puerto Madero, en Buenos Aires. Dimos varias vueltas, pasando por otro apple store, hasta que nos topamos con el Chelsea Market. Es un mercado cerrado con tiendas de ropa, restoranes, y una pastelería baratísima donde to me comí uno de los mejoras cheesecake del mundo, y me compré una galleta para después, y Benja se compró un Eclair de caramel y otro dulce de canela que no recuerdo. Casi le da un ataque ahí mismo por lo bueno del Eclair. Y todo por 7 dólares.

En el Chelsea Market hay una tienda de ropa preciosa que se llama Antropologie. Lamentablemente, es carísima. Por jugar me probé un vestido, que tenía un cierre por el lado que nunca noté, y cuando me lo puse me quedé atascada , sin poder doblar mis brazos para sacármelo. Estuve un buen rato así, debatiéndome entre salir arrancando y vivir para siempre en la clandestinidad, en la posición más incómoda de la historia, mostrándole los calzones a todo el mundo, o romper el vestido y pagar con el resto de mi presupuesto de viaje los hilos de oro. Por suerte, después de un par de larguísimos minutos, logré expeler todo el aire de mis pulmones y me saqué de una el vestido, lo colgué ordenadito en su colgador, se lo entregué a la galla que atendía y corrí por mi vida (y mi presupuesto).

Después del Chelsea Market bajamos por la calle Hudson. En el camino Benja se comió una hamburguesa y yo una ensalada, (traumada por el incidente del vestido), y paramos unos segundos en una placita llamada Abignton, verdaderamente preciosa. ese punto ya no era ni un poco turístico, y solo habían viejos de barrio copuchando entre ellos. Seguimos bajando por el barrio, que era  de los más bonitos que he visto por acá, hasta que vimos una calle muy chica incluso más bonita y decidimos asomarnos. A la lejanía creí reconocer un edificio, así que nos acercamos y nos sorprendió lo que encontramos de pura suerte:

En verdad el barrio era mucho más bonito de lo que se logra apreciar en el video.

Finalmente llegamos a Canal Street y ahí a la librería Pearl Pain, que tenía 5 pisos y todos lo materiales habidos y por haber. Nos quedamos mucho rato buscando regalos, materiales para Benja y cachureos para mí. Aparte de sus regalos, Benja se compró dos croqueras, 50 filos de tiptop Olfa para sus maquetas, y un set de buenísimos rápido-grafs. Yo me compré unos muñecos en blanco para dibujarles caras, unos lápices para eso, y destacadores. (Cuánto ha decaído en sofisticación mi actividad artística…) Estuvimos por lo menos una hora en la librería.

Cuando salimos fuimos al SoHo, que quedaba al lado, y caminamos por sus calles bohemias de tiendas boutique y restoranes exóticos, en dirección a la casa. Ya hablé del SoHo y volveremos el Domingo, así que no me extiendo más.

Pasamos a la casa a vaciar nuestras mochilas para seguir paseando. Benja sacó de su mochila la bandera chilena, un mantel, sus dos libretas, los regalos de la librería, y el cambio de ropa que llevaba en caso de que lloviera. Yo saqué de la mía mis tres muñecos (que estoy segura que revisarán en el aeropuerto en busca de drogas), mi cambio de ropa y otro cachureo absolutamente inútil que ahora no recuerdo. Ya alivianados, salimos de la casa para recorrer el Lower East Side, que resultó no ser muy bonito (al menos lo que recorrimos, que fue poco porque era tarde). Sí destaco que nos encontramos en un estacionamiento lo que parecía una huelga de ocupas, y que resultó ser Shakespare in the Parking lot; un grupo de teatro que hace 18 años montaba obras de Shakespeare en  ese estacionamiento. Totalmente gratis, aunque usted no lo crea. Nos quedamos un rato pero como la acústica no era la mejor, no conocíamos la obra,  ni entendemos tan bien el inglés antiguo, no estábamos cachando nada , así que nos fuimos. Muy entretenido de todas formas.

Nos devolvimos hacia la casa. En el camino Benja se comió unos slices de pizza, y después y pasamos por un restorán de comida Tai al que yo le había echado el ojo hace tiempo. Me pedí unos tallarines de arroz con camarones que me comí en la casa, exquisitos. Benja tuvo la amabilidad de no vomitar con el olor.

Y dormimos profundamente, después de un día de caminata.

Esperando el tren F, este hippies se encarga todas las mañanas de que la gente empiece su día en paz.

El demonio del bloqueador.

El local. Les juro que esta foto es compuesta (en parte).

Ya en el High Line, un parque increíble.

La renovación del uso de las líneas abandonadas del tren está muuuuy bien lograda. Abajo, la Amalia feliz.

Desde el High Line con Chelsea y el Empire State de fondo.

No es fácil imaginarse que hace unas décadas los trenes pasaban por aquí.

El calor era insoportable y esta pileta pisable refrescaba muchísimo el ambiente. Otro acierto de diseño.

Así se ve desde abajo la primera parte del parque.

Tratamos de entrar a este edificio de Frank Gehry que vimos desde el parque pero no pudimos pasar más allá del lobby porque era de oficinas

Recorriendo Chelsea y sus alrededores descubrimos otra maravilla urbanística: el Chelsea Market, un paseo de fábricas convertidas en tiendas de buenísima calidad. Una de ellas, hogar del Eclair.

Al interior del Chelsea Market.

Nunca supe qué tenía el Eclair, pero éste era de caramel. Nunca había tenido tantas ganas de tener dos bocas, de ponerme un tapón y de que el dulce se quedara adentro mío para siempre.

Seguimos caminando por Chelsea y paramos en una plaza donde las viejas se reunían a copuchear.

De una forma impresionante, la Amalia reconoció el barrio y después el edificio de Friends.

Al final del día, después de volver a la casa y recorrer East Village, nos encontramos con la versión número 18 de Sheakespearein the Parking Lot.

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Publicado en Viaje a Nueva York
2 comments on “Nueva York, Día 11: 02/08
  1. Iara Almonacid dice:

    Me alegro muchooo que lo estén pasando así de bien!!! Todo se ve muy bkn y dan muchas ganas de conocer! Un abrazo gigante para los dos 🙂

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