Nueva York, Día 4: 26/07

Aunque ni Benja ni yo nos lo creemos, este fue recién nuestro cuarto día.

Después de pasar tres días mezclando arte moderno, grandes avenidas, tiendas boutique (con mucho consumo por mi parte), y vida de barrio, decidimos que nos vendría bien un poco de “alta cultura” más tradicional, así que fuimos al Met. Es un museo infinito, una especie de British Museum que, como toda la ciudad, angustia por la cantidad de cosas que ver y el poco tiempo disponible para ello. Partimos por la sección egipcia que es muy interesante. Nos llamó la atención cómo toda creación artística estaba estrechamente relacionada con la muerte; por lo efímero de la carne y lo eterno del alma. Así, todo giraba en torno a hacer la vida eterna agradable, en plena conciencia de que se moriría en cualquier momento. Pero lo que nos llamó incluso más la atención fue un guía turístico católico que trataba de hacer calzar todo con los testimonios de su infalible Biblia. Se paseaba con un archivador lleno de esas ilustraciones de santos muy recargadas y kitch, y llegaba a decir cosa tan delirantes como que no hay registros de las 10 plagas del éxodo en la cultura egipcia porque los faraones quisieron censurar esas manifestaciones de otros dioses. O, frente a una estatuailla de una diosa supuestamente parecida a la estatua de la libertad -que tildó de “false lady”-, le llamaba la atención que en la ciudad más importante del mundo (incuestionablemente), la gente adorara a esos ídolos. Un verdadero pelotudo que resumía todas las características detestables del estereotipo gringo. Una pieza más de el museo. En fin, lo último que vimos de los egipcios fue un templo que el estado regaló (?) por ahí por los ’60′s a los gringos, que estaba junto a una pileta que recreaba su ubicación respecto al Nilo. Un espacio fascinante.

Después almorzamos en la cafetería, que resultó absurdamente cara, pero me comí una galleta que pesaba como 500 gramos exquisita, así que estuvo bien. De ahí nos separamos  y quedamos en juntarnos a las 4.15, una hora antes de que cerrara el museo, y ver una sección juntos. Yo ñoñamente partí directo a la sección de arte medieval, donde me quedé pegada un buen rato. Vi íconos bizantinos, esculturas, y tapices y retablos flamencos y franceses. Fascinante, una colección de lujo. Lo que más me conmovió fue un retablo de la vida y milagros de Santa Godelieve, de Holanda. De ahí vi unos grabados de Durero y luego me dediqué a las salas de pintura Europea desde el siglo XII hasta el XVIII. Vi a Tiépolo, Tiziano, Rembandt, Velasquez, Vermeer Jaques Luois David y muuuuchos más. Verdaderamente emocionante.

Benja fue a ver la sección de arte moderno, donde vio a Warhol, Braque, Picasso, Lietchkenstein y Pollock, y después a la sección impresionista donde vio cuadros de Van Gogh, Monet, Gaugin, etc. (Cuando me lo encontré más tarde seguía alucinado.) Después llegó a una colección especial que consistía en un video sobre una conversación entre dos diseñadoras italianas que comparaban los distintos paradigmas del diseño hasta volverse un estudio cuasi sociológico. La exposición se llama Elsa Schiaparelli and Miuccia Prada’s Impossible Conversations.

Nos juntamos puntualmente (yo no tenía reloj, así que le pregunté como a 200 extraños de todo el mundo la hora cada cierto rato), y decidimos que estábamos saturados y que quedaba demasiado por ver, así que volveríamos otro día con calma. Ah sí! Otro plus del museo es que tiene un precio sugerido de 25 dólares, pero puedes pasar 1 y entrar, cosa que hicimos con cara de “soy turista joven y por lo tanto pobre”. Fue shokeante salir del museo congelado por el aire acondicionado al húmedo mundo exterior. Casi nos robamos sin darnos cuenta los aparatos de audio, pero Benja se percató un par de metros afuera del museo y la NYPD no nos alcanzó a pillar. Una vez que nos expiamos, salimos definitivamente y nos quedamos un rato viendo un show callejero de dos negros y un latino (eso suena a chiste racista) en las escaleras del museo. No podría describirlo; sólo puedo decir que era muy chistoso y que lograron reunir sus buenos dólares.

Caminamos un rato por el barrio, que es el Upper East Side (Sí, como en Gossip Girl). Es precioso y muy elegante. La galleta me dejó seca, así que le compramos un litro de agua a un hindú encantador que me preguntó si era francesa. (Se me había olvidado eso! Los rubros están dominados  por distintas colonias. Los quiosqueros o dueños de locales son todos hindúes o medio orientales, y los mozos son siempre latinos. de hecho hemos hablado casi más castellano que inglés por todos los poltoliqueños, dominicanos, chicanos, etc.). De ahí fuimos al Central Park, que estaba al lado, y caminamos con calma por algunos lugares a los que no pudimos entrar cuando estábamos en bici. Benja intentó interactuar con ardillas hasta que, perseverante como siempre, una le olió la mano. Le insistí que se la lavara porque en verdad son ratones pero más lindos. Fuimos al zoológico de Madagascar pero ya estaba cerrado (todo cierra temprano), así que fuimos a Strawberry Fields, una sección dedicada a los Beatles con un mosaico en homenaje a John Lennon y a la Yoko Ono. El camino desde un lugar a otro fue muy entretenido, porque estaba lleno de gente siendo feliz o tocando música. Una vez ahí nos sacamos la foto con el memorial y después nos echamos en el pasto porque habíamos estado todo el día parados. Fue muy rico bajar un poco el ritmo después de 3 días sin parar ni un segundo. Nos quedamos ahí hasta que comenzó a oscurecer, momento en que salieron un montón de luciérnagas. Es increíble pensar que eso pasa en uno de los íconos citadinos del mundo, a unas cuadras de Time Square y sus millones de pantallas con publicidad y sus bocinazos.

Comenzamos a caminar hacia el Downtown, pero a las pocas cuadras nos pilló una tormenta eléctrica. Nunca había visto llover así. Sólo puedo decir que ya no me parece inverosímil que en las películas gringas los personajes queden empapados 15 segundos después de que comience a llover. El paraguas que habíamos comprado hace unos días en un quiosco se dio vueltas con el viento (sí sí, se me dio vuelta el paraguas, ja) y el agua comenzó a filtrarse, así que lo botamos a la basura y corrimos ya resignadamente empapados hasta Colombus Circle, done nos tomamos el metro que estaba con “Train traffic”, por lo que parecía andar en cámara lenta. Finalmente llegamos a la casa (así le decimos a estas alturas), nos cambiamos, y salimos al tiro a comer. Fuimos a Pauli’s Bar, un restorán en el mismo East Village, que cada día nos sorprende por lo entretenido que es. Nos comimos las mejores hamburguesas de nuestras vidas, con las mejores papas, y una coca-cola. American Style. Nos atendió la primera mesera gringa que nos ha tocado hasta ahora, que tenía un acento sureño que la hacía parecer una de esas meseras de los dinner’s que quedan en la mitad de la nada, donde atienden a camioneros a los que preguntan “what you havin honey?”… La cosa es que en verdad fue la mejor hamburguesa que hemos comido en la vida, y yo quedé a punto de explotar. En verdad entiendo el índice de obesidad en EEUU.

Volvimos caminando a la casa y ahora Benja duerme con una guía de la ciudad abierta sobre la guata. Supongo que los videos del día 2 que hicimos, además de las fotos de hoy, las subirá mañana. Yo voy a tratar de dormir, y digo tratar porque la ventanita de nuestra pieza da a un patio interior donde hay gente conversando, y suena como que tienen pa rato.

Sí, nuestra vida es difícil.

Estar en la estación de metro es como estar en un sauna en una playa en ecuador. en verano… con parka.

Al entrar al MET, la primera sección que vimos fue la de los egipcios. Este retrato de Michael Jackson era impresionante.

Este guía de la iglesia para rednecks retrasados le buscaba el sentido bíblico literal a todo lo que había en el museo.

Impactante el porte y las proporciones de todo en el MET. Esta sala fue diseñada para exponer (atrás de la Amalia) la tumba de Perneb.

Al separarnos, la Amalia descubrió este retablo que la dejó anonadada

y yo me descubrí en un espejo bacán.

… y en otro espejo bacán.

Cuando nos cansamos, salimos al central park donde lejos lo más impresionante son estas ardillas que te dejan con antojo de Sahne Nuss.

De un segundo para otro el cielo se puso negrísimo y quedamos absolutamente empapados.

Después de llegar a la casa y ducharnos, salimos a comer recomendados por la internés y nos comimos LAS MEJORES HAMBURGUESAS DE LA HISTORIA (más ricas que las del mr. Jack, la steakhouse y las cangreburgers combinadas).

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Publicado en Viaje a Nueva York
One comment on “Nueva York, Día 4: 26/07
  1. Nati dice:

    Soy la fan número uno de leer todo lo que suben. ¡Me encanta!
    Ami, me vuelvo loca en la sección de arte medieval… ¡¡arte y simbología todo el rato!!

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