Washington, Día 8: 30/07

El día 8 fue muy culto.

Teníamos planeado levantarnos a las 7:30, pero logramos despertarnos recién a las 8:3o. Lo que pasó es que en la mitad de la noche comenzó un ruido horrible, sonaba como si alguien estuviese talando un árbol afuera de la ventana, lo que no era posible porque dormimos en el piso 7. Finalmente Benja se dio cuenta de que el ruido infernal venía de un camión que parecía estar moliendo piedras abajo, y que duró una dos horas, lo que nos desveló.

Pero finalmente logramos levantarnos a la mañana siguiente y tomamos desayuno con calma. Después nos preparamos unos sándwiches de mantequilla de maní que nunca comimos para el almuerzo. Aquí desayunan todos juntos en una cafetería donde los que reponen la comida te saludan con entusiasmo, y donde cada uno tiene que lavar lo que usa. Hay unos canastos donde puedes guardar tu comida bajo tu nombre, y uno de ellos tiene una etiqueta que dice “Free”, donde dejas la comida que te sobre para que otros se la coman y no se pierda. Hay verdadero sentido de comunidad, y se dan todas las condiciones para hacer amigos nuevos, cosa que no pasa porque se trata de Benja y de mí. Pero la idea está buena para seres con aptitudes sociales básicas.

Salir siempre nos cuesta, porque hay que ordenar nuestro recurrente desastre para aportar al bien de comunidad y no perder nada, o cada uno se le olvida poner algo en su mochila, o me acuerdo a último momento que tenemos que ponernos bloqueador, para desgracia de Benja. Cuando por fin salimos ya eran como las 10.

El plan era ir al Newseum, el museo de las noticias, pero cuando llegamos allá nos enteramos de que no era parte del Smithsonian y por lo tanto, no era gratis. Decidimos que habiendo tanto museo bueno y gratis, no valía la pena. Benja miró la tienda del Newseum un rato y después fue al National Air and Space Museum, donde aprendió cómo vuelan los aviones, cómo funcionan los cohetes, la historia de Howard Hughs, y además tocó un pedazo de luna. También conoció todos los Apolos y vio una exposición de los hermanos Wright, con réplicas buenísimas de sus primeros aviones. Quedó fascinado. Había una sección interactiva donde compitió contra niños en un juego de preguntas, y no ganó porque a los brocacochi malcriados sus papás les soplaban las respuestas. Sin embargo, la competencia fue ardua y estuvo peleada, salió  en el grupo de los 7 de al medio, de 14 concursantes.

Yo fui sin expectativa alguna al National Gallery of Art, y la verdad es que me sorprendí mucho y encontré que  por lo menos en lo que refiere a la colección de pintura, no tiene nada que envidiarle al Met, e incluso le gana. Me quedé horas pegada en la sección pre-renacentista y renacentista, donde habían hasta cuadros de Fra Angélico, Botticelli, un tondo precioso de Rafael y el único cuadro de Leonardo en Estados Unidos (y por lo tanto, asumo, en toda América). Aparte de la farándula (sí, soy una perna), habían millones de cuadros increíbles e igual de buenos, organizados por periodo y zona geográfica. Me acordé con nostalgia de mis tiempos en Arte. Saqué una de esas guías de audio (¡también gratis!) que en verdad son buenísimas y en un par de minutos aclaran mucho el panorama. Llegué hasta el barroco flamenco y salí para juntarme con Benja en el obelisco a las 2, como habíamos acordado.

Llegué puntualmente y me senté bajo la sombra del obelisco a esperar a Benja, que se demoró porque el monumento quedaba mucho más lejos de lo que pensaba. Tuve que rodar por el pasto un par de veces para que el sol lo me alcanzara. Finalmente lo reconocí a la distancia; venía con una bolsa del McDonalds en la mano y una sonrisa en la cara. Un gringo más. Nos comimos las hamburguesas ahí mismo, porque teníamos ganas de vivir la cultura americana de primera fuente.

En verdad fue bueno separarse un rato: cada uno vio con calma y a su propio ritmo (es decir, yo deteniéndome frente a cada cuadro por 5 minutos y Benja avanzando rápido) lo que le interesaba realmente, y cuando nos juntamos, tuvimos algo nuevo de qué hablar, porque llevamos una semana hablando sólo el uno con el otro.

Nos echamos un rato y después fuimos a la cafetería del National Gallery of Art, que estaba en medio del patio de las esculturas y era estilo Art Nuveau. Nos pedimos unos cafés asquerosos (como todo el café gringo, que es aguado y quemado), y yo me comí un brownie exquisito. Un turista obeso me preguntó si estaba tan rico como se veía, y cometí el error de decirle que sí, aportando a su inevadible muerte por un ataque cardíaco.

Volví al museo, esta vez con Benja, y fui a la sección se pintura Europea del siglo 17 y 18, y a la sección impresionista. Nuevamente, nada que envidiarle al Met. Benja vio el barroco flamenco y quedó rallando con Rembrandt. El museo consta de dos partes, el edificio antiguo con arte clásico como el que vi yo, que es el edificio oeste, y uno moderno, el este. Están conectados por un túnel subterráneo chorísimo, con esas bandas para caminar rápido -auspiciadoras de obesidades como la del turista del brownie-, en un túnel medio futurista. El lado este es increíble. El museo en sí es muy bonito y moderno, y tenía una colección fija con cuadros de Picasso, Braque, etc, y una colección temporal de Miró. Benja la vio con calma y le encantó, especialmente sus primeros trabajos, hasta el año 1919. Eso suena tan culto.

Nuevamente nos echaron del museo casi a patadas, y nos encontramos afuera. Fuimos al Museo de historia natural, y estuvimos un rato porque siendo honestos, no es lo que más nos interesa. Vimos a la pasada a los mamíferos, los pescados y la sección de la evolución. Después fuimos al zoológico de insectos (en verdad no es normal ir dos días seguidos a la sección de bichos), donde Benja se volvió loco: parecía un niño más, de hecho los empujaba para ver a los bichos de cerca. Es un lado de él que conocí hoy.

Salimos como a las 6:45 del museo (sin que nos echaran) y nos sentamos un rato en el Mall. Después nos fuimos al metro con intenciones de ir a Georgetown, un barrio universitario muy entretenido (dicen), pero nos dimos cuenta de que estábamos muy cansados y además teníamos que comprar los pasajes de bus y el alojamiento para mañana en Nueva York. Nos bajamos después de solo dos estaciones, y admito que fue rico irse en metro en vez de caminar. En el camino desde el metro para el hostal pasamos por última vez al Fro-zen-yo, donde volví a comer una libra de helado y Benja casi pura crema, y después al Potbelly que estaba a punto de cerrar, donde Benja se comió su sandwich de pizza y yo una ensalada (somos muy repetitivos).

Una vez acá nos duchamos, y buscamos el alojamiento y el bus. Partimos mañana a las 9:30 y nos quedamos solo una noche en otro Hostelling International, en piezas separadas, cada uno en una pieza con otros 11 extraños. Será como un experimento.

Llevamos 8 días, y todavía nos quedan 7, pero sentimos que llevamos una eternidad y nos sorprendemos (para bien) cuando nos damos cuenta de que nos queda otra eternidad.

La vida es muy buena.

El Newseum con la primera enmienda de la constitución grabada en su fachada y los gringos civilizadamente turistiando en segways por alfrente.

Dando a la calle, el Newseum expone diariamente las primeras planas de los diarios principales de cada uno de los estados. La noticia principal que parecía hoy era el record mundial en natación que nos tocó ver ayer en vivo mientras nos comíamos una hamburguesa en un bar.

Ya en el Air and Space Museum y sin la Amalia (que estaba sin cámara en la National Gallery), una réplica del Wright Flyer y uno de los hermanos disecado encima.

Para que me crean, me saqué una foto tocando un pedazo de luna. La foto es excelente.

Uno de los momentos importantes del viaje: después de almorzar McDonalds a la sombra del obelisco, tuve la suerte de ver, y la mala de no poder retratar bien, una ardilla albina (!!!!).

El único cuadro original de Da Vinci en America. Les juro que estaba detrás del chino.

Quedé absolutamente fascinado con rembrandt. Tenía un manejo perfecto del armado de ambientes a través del control y manejo de las luces y sombras.

Para pasar del edificio de arte clásico al de arte moderno, se podía hacer por un tunel subterráneo bacán, que consistía en una cinta transportadora rodeada de LEDs blancos. Es mucho más choro de lo que soy capa de transmitir!

En la sección de la evolución en el tercer museo del día (el de historia natural) estaba el cráneo de uno de los primeros Power Rangers descubiertos.

En la sección de piedras y diamantes, la fuerza que se sentía en el aire era bien potente.

Todas las actividades de hoy fueron auspiciadas por el Smithsonian Institution. Un organismo que hace que todo funcione como reloj.

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Publicado en Viaje a Nueva York
One comment on “Washington, Día 8: 30/07
  1. Jo dice:

    jajajaj estoy gozando con su bitácora!!!! Esta buenisima!

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