Nueva York, Día 10: 01/08

Amanecimos en el hostal, cada uno en su respectiva pieza, y nos juntamos en el primer piso a las 8, como habíamos acordado la noche anterior. Benja se despertó con su celular, y yo me desperté con el ruido que hicieron mis roomies. El plan era ir al High Line Park y conocer los barrios aledaños, pero amaneció lloviendo así que decidimos cambiarlo para el día siguiente e ir a MoMA en vez. Tomamos desayuno ahí mismo, y compramos un espresso del Starbucks en lata (si, es muy choro). Como yo estaba llena no me lo tomé, y creí dejarlo en la bandeja que Benja después botó. Le hinche mucho rato por haber botado mi café intacto, diciéndole que andaba muy desconcentrado últimamente., que estábamos gastando demasiada plata, etc.: un cacareo insoportable, lo reconozco. Hicimos nuestras maletas, las guardamos en unos lockers gigantes que se arriendan por hasta 24 horas en el hostal mismo, y partimos camino al MoMA, que abre a las 10:30, vía Central Park. A la mitad de camino abrí mi mochila en busca de parches para mis heridas de pies, y me encontré con el famoso café, que metí en un momento que hasta ahora no recuerdo. Estuve a punto de botarlo a la basura igual para no aceptar mi error, pero terminé confesando y Benja me prometió una venganza que al parecer no termina de planear todavía.

En fin, paramos a mitad de camino porque yo no podía más del dolor de pies. Mis zapatos me sacan unas ampollas gigantes con el roce, y cuando un lugar termina de adaptarse, otro comienza a irritarse. Heroica y abnegadamente, Benja fue a comprarme sportstape (una especie de venda pegote que me recomendó un gringo desconocido en un museo al ver mi pie con prácticamente un calcetín de parche curitas), a la farmacia más cercana. Cuando volvió ya se había hecho tarde (siempre estamos tarde), y decidimos irnos directo en metro al MoMA nomás.

Una vez que entramos (¡había demasiada gente!), decidimos subir al último piso y de ahí ir bajando por exposición. En el 6to piso estaba la mitad de la obra de un artista italiano, Alighiero Boetti, que por los 70’s hizo (o mandó a hacer) principalmente tejidos y bordados de todo tipo de acumulación, compilación o repetición. Habían unos mapas gigantes del mundo con cada país con su bandera tejido a mano. Muy interesante el obsesivo compulsivo. Después bajamos al piso de pintura moderna, desde 1880 hasta 1940. Ahí vimos desde algunos impresionistas hasta Picasso; están las señoritas de Avignon. De ahí bajamos otro piso, a la sección de pintura y escultura desde 1940 hasta 1980, y la cosa se puso más rara y sobretodo, críptica. Salvo excepciones, una buena parte de esa sección consistía en obras tan herméticas que solo podían ser apreciadas en cierta medida por, me imagino, personas dentro del circuito artístico. Por alguna razón, y puede ser un pecado lo que estoy diciendo, me gustó más el Guggenheim.

Hacía mucho frío porque los gringos son extremistas con el aire acondicionado, en verdad probablemente habrían máximo unos 15 grados dentro de la galería. Por experiencias pasadas en museos, fuimos con pantalones largos y algo  para ponernos encima. Yo, que soy el ser más friolento del mundo, andaba muerta de frío con el cortavientos que me prestó la Ade, así que cambiamos con Benja, que llevó un polerón más abrigado que me quedó gigante pero me salvó. Él se quedó con el cortavientos, que tiene rosado, rojo y azul, argumentando que como estábamos en Nueva York, daba lo mismo. Se veía demasiado divertido.

Ya eran como las 1 y nos dio hambre, así que fuimos a almorzar al restorán del museo porque no estábamos seguros de que nos dejaran entrar de vuelta una vez que saliéramos. El restorán costaba un ojo de la cara, así que nos comimos una ensalada, lo más barato entre los dos, que igual nos salió 7 lucas. Benja quedó con hambre, pero sobretodo enojadísimo conmigo y consigo mismo por haber accedido a comer esa (según él) asquerosidad, estando en el país de la comida chatarra que se te llega a salir por las orejas de lo abundante. Cuando además se vio a sí mismo comiendo el bowl de pasto con mi cortavientos puesto, me acusó de querer transformarlo en mujer. De ahí se puso reflexivo, recalcando como la gente venía al museo a ver cosas que no entiende (veníamos del piso de lo incomprensible), y come cosas que no le gustan.

En el tercer piso había una sección de arquitectura y diseño. Benja se quedó mirando una exposición de urbanismo en los suburbios gringos que a mí francamente me aburrió, así que bajé al segundo piso a terminar de ver la exposición de Boetti que continuaba ahí mientras él veía eso y una exposición de diseño. Los dos quedamos muy conformes. Finalmente vimos las galerías del primer piso, con arte contemporáneo.

Cuando ya íbamos saliendo, pasamos por la tienda, que es chorísima. Aparte de los libros de arte, posters de los cuadros y otros, habían miles de objetos de diseño novedosos. Benja se compró un slinky el muy niño, con el cual yo no jugué de ninguna manera toda la noche. Cuando salimos fuimos en busca de internet para ver qué nos había respondido Edward, el dueño de la pieza en la que nos quedaríamos, al igual que la semana pasada. Originalmente íbamos a llegar el 2 de Agosto, pero acordamos con él (oral y no cibernéticamente, craso error) que llegaríamos el 1 en vez. Cuando llegamos al apple store nos dimos cuenta de que no había respondido nada. Lo llamamos y, nuevamente, nada. Partimos al hostal a buscar nuestras maletas con la esperanza de que cuando llegáramos nos hubiera contestado, pero nada. Y así por mucho rato. Finalmente partimos a East Village, suponiendo que estaría aquí. A esas alturas, no estábamos del mejor ánimo, y estábamos cansados por el MoMA. Pero cuando entramos al metro, nos encontramos con un viejo que cantaba una versión medio Bossanova de “Over the rainbow”, muy bonita. Nos subimos a nuestro tren correspondiente cuando pasó, y cuando nos bajamos para hacer cambio de línea, nos encontramos con un negro en el andén que cantaba a lo Louis Armstrong, demasiado alegre. Andaba con un carrito con todas sus cosas, una radio vieja y un disc-man en que tocaba la música de fondo. En verdad era buenísimo, llegó a alegrar a toda la estación. Cuando nos subimos al tren, nos tocó un trompetista que tocaba canciones de Jazz como de las películas de Woody Allen. Como aquí no son tímidos, mucha gente se puso a moverse al ritmo (no alcanzaba a ser baile), y los niños efectivamente bailaban. A esas alturas, ya teníamos el ánimo por los cielos. En el último cambio de línea, en en andén, había un viejo que aparentemente estaba aprendiendo a tocar guitarra (desde ese mismo día). Nos reímos un poco ante la patética situación.

Ya afuera del departamento de Edward, que aún no contestaba, nos quedamos en nada hasta que una galla que vive arriba nos dejó entrar por lo menos al pasillo. Como no contestaba nadie, Benja consideró realmente pasar la noche en un colchón que alguien había botado, en el patio interior/basural. Fue justo antes de esta medida desesperada que contactamos a Edward, a quien a estas alturas estábamos a punto de odiar. Llegó a los 15 minutos, y al tiro nos contagió su característico relajo. Una vez adentro, nos quedamos conversando y terminó invitándonos a un bar donde cantaba una amiga de su polola (que es dramaturga, mientras que él es actor), muy cerca de la casa. Nos duchamos con Benja y salimos, con el ánimo totalmente restituido a esas alturas.

Fue muy rico llegar de vuelta. Pese a la estética precaria, es exquisito estar en un lugar que se sienta como una casa y que sea tan privado. Estamos en la pieza contigua a la anterior, y esta tiene aire acondicionado y un colchón muy alto. Nos sentimos como en el Ritz.

El bar quedaba entre el Lower East Side y Chinatown, y se llamaba Fontana. Lo más probable es que hayamos sido los primeros turistas en pisarlo, estaba lleno de gente local. La amiga cantaba música de Alanis Morrisette en un semi subterráneo al fondo del bar, y es (con razón) la actriz favorita de los musicales que escribe Cara, la polola de Edward. En verdad fue muy entretenido conocerlos a ellos, que son muy interesantes. Incluso Edward nos regaló (creemos, osino estamos en deuda) unas cervezas a cada uno. Nos sentimos como unos verdaderos neoyorquinos.

Quizás algún día lo seamos.

Por fin el MOMA. Originalmente íbamos a ir el primer día en NY pero terminamos yendo recién el décimo.

La fila para comprar las entradas era larguísima pero terminamos avanzaba rápido.

La primera exposición a la que entramos en el MOMA fue “century of the child”, en la que interesantemente se mostraba la evolución del diseño durante el siglo XX a partir de los juguetes.

Realmente entretenido Boetti. Aquí una de sus alfombras tejidas por manos afganas. Aparece Chile.

Dadaísmo aplicado (chiste snob)

La Amalia estaba rayando en la sección de los impresionistas.

La Amalia con su cuadro favorito de Van Gogh.

Yo con mi cuadro favorito de Picasso.

Una mujer. Gracias, Ami.

Era para enojarse.

“El esnobismo intelectual es el cul de sac de la sociedad”. Blas Walker, “la Hermandad de los tréboles”.

El Dios pantalla, como diría la Pilar Sordo.

En la última parte del museo, la de diseño y arquitectura, había una sección alucinante de Plywood, un sistema de prensado de láminas de madera compactas que permite hacer casi cualquier cosa.

Ya saliendo del museo, en el Apple Store, cuando vimos que Edward no pescaba el mail, de a poco fuimos perdiendo la paciencia cuando no sabíamos dónde nos quedaríamos en la noche. La tarde consistió en mover las maletas de un lado de Manhattan a otro.

Pasado el trámite del alojamiento de la tarde, fuimos al bar Fantana invitados por Edward a ver muy buena música en vivo.

Anuncios
Publicado en Viaje a Nueva York

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: