Washington, Día 7: 29/07

Washington es bacán.

Hoy nos levantamos a las 8 y desayunamos en la cafetería del hostal, que tiene un desayuno bien rico y completo. El señor del aseo le preguntó a cada uno cómo se decía “good morning” en su idioma.

Después partimos en nuestras bicis al Zoológico nuevamente. Washington es perfecto para andar en bici: está lleno de ciclovías, todas la veredas tienen bajadas y la gente en vez de echarte la foca cuando tocas la campanita para que te dejen pasar, te piden persón casi que de rodillas. Además es una buena forma de conocer una ciudad si se va a estar pocos días. El camino fue muy bonito, y se fue poniendo cada vez más verde hasta que llegamos al Zoológico. Esta vez sí vimos a los leones y los tigres (era el día internacional del tigre), pero pese a que los orangutanes estaban afuera, no los vimos pasar colgando por unos cables que hay sobre el camino, por los cuales se pasean cuando tienen ganas. Afuera del zoológico me tomé un helado en el fro-zen-yo, un lugar donde venden helados exquisitos y muy baratos de varios sabores, que se pagan por peso. Al igual que el día anterior (se me olvidó ponerlo en la entrada del día 6), Benja entró con intenciones de solo acompañarme y salió con un pote lleno de crema, nueces con canela y mostacillas. Por suerte no quería.

En vez de devolvernos por el camino de la ida, nos metimos por una calle llamada Rock Creek, que baja por entremedio de un verdadero bosque propio del sur de Chile, con una ciclovía por el lado. Fue una sorpresa increíble, en verdad nunca esperé encontrar espacios así en una ciudad. El camino llegaba hasta el río Potomac (no se preocupen, Benja se encargó de señalar lo jocoso del nombre con una talla que supongo que han hecho todos los chilenos que han venido), justo al lado del comienzo del mall, así que después del paseo precioso llegamos al Lincoln Memorial, cuyo mayor atractivo es ver el endiosamiento de Lincoln de los gringos. En verdad es sospechosamente parecido al templo de Zeus que aparece en Hércules.

Desde ahí fuimos (siempre en bici) hasta el Museo del Holocausto. El primer impacto es la entrada: hay que pasar las mochilas por rayos X como en el aeropuerto, si llevas agua te hacen tomar un sorbo para comprobar que no sea veneno o una bomba, y a Benja la revisaron la mochila con un censor para ver si tenía explosivos. Lo primero que vimos fue una exposición temporal sobre la propaganda del partido Nazi, muy interesante y para mi gusto, uno de los puntos más importantes al momento de estudiar y tratar de comprender cómo se llegó a implantar el antisemitismo de manera tan profunda en una nación completa. Da mucho que pensar, más allá del Holocausto mismo. Nos pegamos a un guía que irónicamente, podría actuar perfectamente de agente de la Gestapo en una película de la Segunda Guerra Mundial. Muy entretenido y didáctico.

Recorrimos la mayoría del museo, que explicaba desde cómo los Nazis ascendieron al poder hasta la vida de los judíos dentro de los campos de concentración. Había un video tan fuerte que solo se podía ver inclinando la cabeza tras un muro de un metro y medio más o menos, para que los niños no puedan verlo. La verdad es que yo iba con cierto escepticismo porque encontraba que el fin del museo es un poco morboso, pero se trataban los temas con tanta objetividad, apelando poco a la emoción, que realmente me   conmovió y dejó llena de sentimientos clichés. A grandes rasgos, lo bueno del museo es que al dar un estudio histórico objetivo, con todos los antecedentes necesarios de corto y largo plazo, sirve para prevenir que la historia se repita. Tan cierto como trillado. Hay que destacar además lo bueno del museo en sí: la información necesaria y la cantidad y calidad de material.

Nos echaron del museo a las 5:20 porque lo estaban cerrando (nada más ñoño que te echen con guardias de un museo), y partimos al Museo de Historia Natural que cierra a las 7:30, para estar un rato porque teníamos que devolver las bicicletas a las 7. Fuimos directo al mariposario, que es una especie de invernadero lleno de flores y cientos de mariposas de todos los países, impresionante.    Nos quedamos un buen rato sacándole fotos a las mariposas que llegaban a pararse sobre la gente a veces. Cuando salimos todavía nos quedaba un rato así que vimos una exposición de fotos de animales buenísima, y de ahí vimos en la sección de geología una sala dedicada al rescate de los mineros donde estaba el fénix 1. Benja por fin pudo colgarse la bandera de Chile (que lleva a todas partes en su mochila) en la espalda, con lo que el resto de la gente nos miró con más extrañeza y escepticismo que admiración.

Salimos a devolver las bicis, pero antes pasamos bien rápido a mirar el Capitolio más de cerca. Es enorme! Finalmente devolvimos las bicis y caminamos en dirección al hostal. Paramos en otro local de Fro-zen-yo y esta vez me comí más de una libra (500 gramos mas o menos) de helado, porque habían más sabores que no había probado. Por suerte (e inexplicablemente) es Fat Free. Como el Potbelly (el lugar del sandwich de pizza) estaba cerrado, paramos en un bar donde estaban viendo las olimpiadas y Benja se comió una hamburguesa exquisita viendo cómo la nadadora gringa batía el record. Muy American. Yo solo pedí una bebida porque estaba llena, y cuando me terminé el vaso el bartender (que también era súper simpático) me lo rellenó, porque la bebida era, como en muchos lugares, con re-fill. Es algo maravilloso. Me tomé como un litro y medio.

Antes de llegar definitivamente al hostal, fuimos a un supermercado a comprar cosas para hacernos un sandwich para mañana, pero decidimos que no era la mejor idea ya que los gringos guatones no venden queso laminado de menos de 20 unidades, y el Martes volvemos a Nueva York. Volvimos al hostal y me acosté porque me dolía la guata de todo el helado que me comí. Después, cuando me sentí mejor (y sobretodo, intimidada por estar sola con el tipoque duerme todo el día), me levanté y nos encontramos con Benja en la sala común, donde hablamos con nuestras familias (hola familias) por Skype. La lata es que como hay mucha gente, el internet no funciona muy rápido y no se puede hablar muy fuerte. Pero siempre es rico verlos y refregales lo entretenido de nuestra vida.

Ahora termino de escribir esto después de siglos y me voy directo a la durma, porque mañana también se viene intenso. Benja subirá fotos y videos.

La Amalia perdida como siempre, guiaba nuestro segundo paseo, esta vez en bici, al zoológico.

Estas limonadas congeladas, que resultan ser idénticas al helado de limón, son una maravilla.

Después de ver los tigres en el día internacional del tigre, la Amalia con leones atrás.

Afuera del Zoo, comiéndonos unos helados gloriosos.

En esta foto no se cacha el lujo que fue bajar por ese camino.

El Potomac.

En el Lincoln Memorial, el papá de Hercules.

La entrada al museo del holocausto. Acá estuvimos harto rato pero no se podían sacar fotos adentro.

Ya en el mariposario.

Yo leyendo cómo les llegó a los gringos el tema de los mineros. Los chilenos quedamos como reyes.

Foto de rigor con el capitolio atrás, extrañamente, no siendo atacado por ningún tipo de forma extraterrestre.

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Publicado en Viaje a Nueva York

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