Nueva York, Día 13: 04/08

Sin siquiera desayunar partimos a un local de bicicletas cerca de la casa (en la 14) a cotizar. Queríamos arrendar bicis por 24 horas y costaba 55 dólares, lo que nos pareció muy caro así que quedamos en arrendar bicis en un lugar cerca de Times Square, donde había una promoción de Groupon. Nos fuimos en metro a Times Square, donde queda el Minskoff Theatre, el teatro exclusivo del Rey León, a buscar las entradas con anticipación en caso de que nos pusieran algún problema, y por suerte no fue así. Una vez con las entradas en mano (a Benja ya le estaba comenzando su ataque de euforia) pasamos por el Hard Rock Café. A Benja le gustó y quería desayunar ahí, pero a mí personalmente no me gustó el lugar porque quedaba en un subterráneo y era excesivamente turista y artificial, y supusimos que caro porque los precios ni salían en la carta, lo que nunca es buena señal. Caminamos entonces hasta Port Authority, el terminal de buses donde tomamos el bus a Washington originalmente. Ahí Benja le había echado un ojo al Cinnabon -una franquicia de rollos de canela- la primera vez que estuvimos ahí, cuando no alcanzamos a comer nada. Rastreó el local solamente mediante al olfato e, increíble (y quizás preocupantemente), llegamos. Nos compramos unos rollos de canela que exudaban grasa (por lo que eran exquisitos), y los comimos en la calle misma porque Benja no podía esperar ni un segundo más para comérselos. La verdad es que estaban buenísimos.

Una vez que acabamos de batallar contra los Cinnabons nos dirigimos al Pier 82 (creo), donde arrendaban las bicicletas, a una par de cuadras. Caminamos por un barrio que queda entre Times Square y los muelles que dan al río Hudson, llamado Hell’s Kitchen, por razones que ni Wikipedia puede dejar en claro. Es muy residencial y bonito, había hasta un mercado de comida orgánica en la calle. En verdad fue muy bueno alcanzar a conocer ese barrio sin haberlo planeado. Pasamos por afuera de un teatro donde había un show que se llamaba “Old Jews Telling Jokes”, que, si no fuera porque íbamos al Rey León, hubiéramos visto felices. Afuera del teatro había un grupo de viejos con pinta y acento iguales a los de Woody Allen.

Finalmente llegamos al Pier 82. Era un lugar muy turístico y nada que ver con Nueva York, con unas palmeras hubiera sido igual a Miami. Resultó que el descuento de Groupon era solo por el día, y las 24 horas costaban 78 dólares, una patada al bolsillo. Salimos corriendo del lugar y nos devolvimos por Hell’s Kitchen hacia el teatro. En el camino pasamos a un Dinner muy típico gringo, donde yo me tomé un Milkshake (que pese a que no es helado, tiene helado, mi fuente alimenticia nº1 en el viaje). Finalmente llegamos al teatro y entramos a penas se pudo, porque Benja estaba a punto de tener un ataque de ansiedad. Creo que el video resume mejor de lo que mis palabras jamás podrían cuánto nos gustó la obra (y eso que a mí no me apasionan en lo más mínimo los musicales). Solo agrego que en el intermedio Benja corrió hacia la tienda de recuerdos para comprarse el soundtrack.

Finalmente arrendamos bicicletas en el primer lugar al que fuimos y, como las arrendamos justo antes de que cerrara, solo nos cobrarían la tarifa de un día, es decir, 45 dólares. Win-win, porque además quedamos cerca del parque que sí nos interesaba ver más.

Después del paseo hasta el Battery Park, seguimos en bici hasta el Brooklyn Bridge. En el camino pasamos por un muelle que habían transformado en una especie de parque. Nos echamos un rato en los asientos de playa que habían ahí y disfrutamos de la vista de Brooklyn y la temperatura exquisita a esas horas (26 grados, ¡milagro!). A los pocos minutos remontamos el paseo y cruzamos el Brooklyn Bridge por la ciclovía. Tiene un poco de pendiente que no se nota a primera vista, pero que después de unos metros de hace sentir en la respiración y en las piernas. Fue bastante cansador, pero no nos hizo nada de mal después de todo lo que habíamos comido (en general, desde el aeropuerto en Santiago), y a la mitad la subida agotadora se transformaba en una bajada muy agradable. Dimos unas vueltas por Brooklyn, pero como esa zona no era muy bonita y ya se nos hacía tarde para perdernos en busca de algo interesante, decidimos volvernos por el Manhattan Bridge. Fue un acierto, ya que tenía una vista preciosa del Williamsburg Bridge y nos dejó al borde de China Town, a unas cuadras de la casa.

Cuando llegamos estábamos agotados por la bici, pero además la falta de sueño y los días intensos ya nos estaban pasando la cuenta. Teníamos planes de escribir y después salir a tomar algo, pero antes de que nos diéramos cuenta estábamos con piyama hablando por Skype con nuestros papás, así que lo dejamos para el siguiente día, del que ya escucharán más adelante.

Antes de pasar por Times Square, pasamos por los headquarters de uno de estos reality gringos. La Amalia estaba por lo menos ocho veces más emocionada de lo que sale en la foto.

Un par de horas antes del espectáculo, pasamos a buscar las entradas al Rey León. Yo tenía las expectativas altísimas pero no sabía ná.

Haciendo hora para las que serían las dos horas y media más espectaculares de mi vida, nos comimos unos rollos de canela del Cinnabon, cadena de comida que me introdujo al dulce mundo de los cinnamon rolls.

Old jews afuera del teatro en el que darían “Old Jews Telling Jokes”.

[Esta foto no la saqué yo] Como diría Rafiki, mi nuevo gurú, ídola y guía espiritual: Llegó la hora. No hay momento más emocionante en mi vida que el que captura esta foto: cuando Rafiki abre la boca para gritar “la cigüeña”. Se te paran todos los pelos del cuerpo, te zamarrea por dentro. El profesionalismo, los trajes, los bailes, las voces y los colores de la obra nos dejaron locos. Hagan lo que sea por verlo si pueden porque les juro que vale la pena pagar hasta el último centavo. Yo vendo todos mis bienes por verlo de nuevo.

Con el sentido de la vida completamente perdido porque nada en la vida volvería a ser tan increíble como lo que acabábamos de ver, nos comimos unas pizzas exquisitas camino a buscar las bicis.

Arrendamos unas bicis a muy buen precio y anduvimos por la calle (no se anda en la vereda). El paseo mismo por la ciudad fue una experiencia chorísima en sí misma.

Aquí, la Amalia agotada en un muelle renovado de Manhattan convertido en parque con sillas y lugares para echarse. Muy rico y muy buena vista a Brooklyn.

Sin sacar muchas fotos en el paseo por Brooklyn, paramos un segundo en el Manhattan Bridge a ver la vista a Manhattan (izquierda), Brooklyn (derecha) y el Williamsburg Bridge al fondo.

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Publicado en Viaje a Nueva York
One comment on “Nueva York, Día 13: 04/08
  1. Kellee dice:

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