La Habana, Día 4: 1/05/13

Miércoles 1 de mayo (día del trabajador)

Día 4 de 5, último día de filmación. El miércoles fue un día larguísimo así que paciencia. Voy a tratar de contar solo los hechos más importantes partiendo por mi, ahora famoso, desayuno Nutecino® a las 7am. Habíamos quedado la noche anterior en salir en un grupo a la Plaza de la Revolución al desfile de los trabajadores y ver de qué se trataba el 1 de mayo en Cuba. Así que partimos, Eliza, Denmark, Ligia y yo en dos bicitaxis. Íbamos de lo más bien en nuestro carruaje burgués cuando, de la nada, aparecieron en otros bicitaxis Calan, la Nati y Leenke gritando como locos arreando a los pobres cubanos. La escena se volvió incluso más absurda cuando cada uno de nosotros quiso registrar de manera exclusiva este momento pensando que nadie más lo haría. Así que ahora hay 7 videos como éste repartidos por todo el mundo:

Turistas aprovechadores.

Como las calles cercanas a la Plaza estaban cerradas por lo masivo del evento, nos bajamos como a 7 cuadras y caminamos uniéndonos a distintos grupos de trabajadores estatales, cada uno celebrando y haciendo ruido a su manera. Nos costó ubicarnos, había muchísima gente que caminaban en todas direcciones. Nosotros nos metimos a un grupo y caminamos con ellos y nos cruzamos con otro que iba en la otra dirección. De repente se empezó a escuchar ese ruido característico de los actos verdaderamente masivos que se siente como si viniera de todas partes y se multiplicó cuando nos topamos con la arteria principal del desfile. Era un mar de banderas cubanas caminando a paso sabroso en dirección al memorial de Martí que se veía a lo lejos. Obviamente me uní y, entre la gente y las distintas agrupaciones de trabajadores, nuestro grupo se desarmó dejando a cada uno por su cuenta.

Después de caminar un buen rato saltando de grupo en grupo llegué al frente del memorial y la gente me hizo notar con gritos de histeria que un viejo chico con guayabera blanca que nos saludaba desde una especie de balcón era nada más y nada menos que Raúl Castro! Traté de registrar con el iPad la alegría (bastante fanática) que había en el aire y la cantidad de gente para ver si salía algo que me sirviera para incluir en el video pero no se alcanzaba a ver bien y terminé guardándolo y contestando los cantos de «Viva Fidel y Raúl!» con un «Viva!» que me salía del alma.

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Qué momento más impresionante! Jamás en la vida me imaginé que iba a desfilar frente a Raúl Castro en un día del trabajador en homenaje al comandante Chávez por la continuidad de la Revolución. Ni siquiera me di cuenta de lo que estaba haciendo, yo solo trataba de encontrar el espíritu de La Habana, lo juro!

Ya pasada la hiperventilación causada por esa experiencia que no se vive dos veces, seguí caminando con una masa de gente más relajada como por 8 cuadras más hasta donde el tráfico ya no estaba cortado y los grupos se empezaban a separar. Como ya eran como las 10 am y todavía me faltaba grabar a Rosita declamar y decidir qué otros clichés iba a analizar no podía perder ni un segundo así que me subí a otro bicitaxi que me llevó directo al Parque Central. En el camino, como ya era costumbre, me fui hablando con el «chofer» y, como esta vez iba solo, le hice preguntas políticas algo delicadas que después de dudar un poco se largó a contestar desde lo más profundo de su corazón antirevolucionario.

Le pregunté primero si ya había desfilado como todos los trabajadores y me respondió que no podía perder tiempo, que si marchaba se perdía valiosos clientes y su familia no comería esa noche. Además no todos tenían que marchar. Decía que la marcha era con asistencia obligatoria para los trabajadores estatales, lo que no significa que le vayan a cortar los dedos a los que no fueran pero que sí «les harían la vida muy difícil en el trabajo». Para cerciorarse que los trabajadores vayan, los jefes citan a los trabajadores en cierto lugar a cierta hora para partir desfilando todos juntos. Y como él era «cuentapropiísta», no tenía un jefe directo así que nadie tomaría nota si iba o no iba a marchar. La conversación cambió de rumbo a partir de sus comentarios del lado difícil que tiene no trabajar para el estado y me habló de lo complicado que es salir de Cuba. Si bien desde que Fidel dejó el poder hay más libertades, lo que le cobran a un cubano en impuestos y burocracias por salir y entrar al país no se alcanza a pagar en «una vida de trabajo honrado». Menos si tienes una familia que mantener.

Era hora de dar vuelta la página y de seguir con el video. El taxista me dejó en el Parque central y me fui directo a la casa de Rosita. Le toqué la puerta y abrió Ariel con una sonrisa que me invitó a pasar. Apareció ella por la cocina y se rió al verme otra vez ahí por cuarta vez en 4 días, de nuevo estresado por el tiempo, y de nuevo pidiéndole que actúen para mí. Como siempre y con el mejor ánimo, me  pusieron mucha atención mientras trataba de explicar lo que quería hacer. Una vez que me entendieron, salimos al patio interior que tiene su edificio que es bastante antiguo pero muy bonito y Rosita se puso a recitar los Versos Sencillos de José Martí con un talento para enganchar al espectador que hace que la experiencia de escucharlo así de cerca sea muy especial. Después de varios intentos por errores míos (ella no se equivocó nunca) como tapar el micrófono con el dedo, mover mucho la cámara y filmar a contraluz, etc., pudimos grabar una buena versión de un poco más de un minuto, muy apasionada, de una selección de estrofas hecha por ella.

Conforme con el resultado, entré de nuevo a la casa y mientras nos tomábamos un café me contaron la historia de la canción. Martí escribió los Versos Sencillos y Joseíto Fernández los usó de letra para su canción en 1928. Mucho después ya en los 60′, el americano Peter Seeger la popularizó por el mundo entero con una versión muy divertida y de esa salió la versión de la Celia Cruz que yo conocí cuando chico. Me despedí de Ariel y Rosita y les agradecí a los dos de nuevo por todo y me fui a recorrer el barrio cercano en busca de buenas imágenes de otros clichés.

Solo fui capaz de filmar algunos autos antiguos pasar y después de como una hora de infructífera búsqueda de cómo abordar el tema me bajó un ataque de estrés horrible por no estar llegando a ninguna parte. Estaba solo perdiendo el tiempo y muy buenas horas de valiosísima luz de sol así que me fui al hotel medio desesperado a tomar una decisión. Ya era pasada la 1 de la tarde y, viendo el material de Raúl el trovador junto con el de Rosita declamando a Martí me di cuenta que si bien las imágenes eran conmovedoras, no quedaban bien juntas (mi intención era poner la música de Raúl como fondo de la poesía) y quedaba muy fome. Y me gustaban las interpretaciones de la canción y de la poesía pero visualmente estaban horribles: las imágenes de Raúl lo mostraban en su decadente asilo sin gracia alguna y las de Rosita estaba excesivamente larga y no representaba el ritmo dinámico, movido y alegre que quería para mi video. Yo quería un video entretenido, que luciera los mejores lugares de La Habana, me lo imaginaba con bonita fotografía, con movimientos choros de cámara, con buen audio, buenas actuaciones, que no tuviera un segundo de más, pero el resultado hasta ese momento solo me mostraba una Habana en decadencia, viviendo del pasado y sin nada que rescatarle más que lo que ya fue. Así jamás me ganaría el año sabático viajando por el mundo.

Encontrar cada vez más cosas malas del material que llevaba no me gustó nada. Como una forma de mecanismo de defensa en momentos de estrés, yo creo que uno se autoconvence de que las cosas no están tan mal como piensas, pero darse cuenta de ese mecanismo en acción es lo más deprimente que hay!

Por unos minutos tomé la decisión de no entregar ni un video y dedicarme a disfrutar de lo que me quedaba en la ciudad, de ir a almorzar a los riquísimos restaurantes a los que estaba invitado (que no había aprovechado ese día ni el anterior por estar trabajando) y olvidarme por primera vez desde febrero de la competencia.

En medio de los lamentos por la triste situación en la que me encontraba me acordé de una de las «máximas para la vida» que había escrito en Santiago el año pasado para seguir en momentos decisivos: «Nada es peor que el arrepentimiento por lo que no se hizo». Ya estaba en La Habana, nunca más en mi vida iba a estar tan cerca de poder ganarme un viaje por 12 países, por 12 meses, todo pagado así que valía la pena un último esfuerzo. Decidí hacer justo eso: una serie de máximas para vivir la vida con la actitud de un cubano. Llamé a la Amalia en Chile (sí, daba un poco de dolor de bolsillo) y le pedí que me mandara al mail ese documento word que juntaba esa serie de máximas. Hablar con ella, decirle que me había decidido por fin por eso y contarle qué era de mi vida (había estado muy desconectado por lo malo del internet y lo caro de las llamadas) me dejó tan tranquilo que el hecho de pensar que me quedaban no más de 6 horas de luz del sol para grabar apenas me importó.

Tomar la decision de ignorar todo lo que llevaba y partir de cero cuando me quedaba tan poco tiempo me importó menos de lo que debiera haberme importado. Con un poco más de perspectiva hoy sé que tomé una buena decisión y que esa reacción calmada pudo haber sido una actitud que los cubanos me traspasaron durante la semana. El tema del tiempo en Cuba es curiosísimo: la gente no se guía por el reloj. Su sistema de medir el tiempo se basa en hacer las cosas dándole prioridad al no angustiarse por lo que no vale la pena. Con eso en mente, y mucho más relajado, seguí.

Bajé al lobby con un plan en la cabeza que no podía estar más claro que consistía en ir a grabar de nuevo a Rosita y a Ariel dando cada uno, en frases muy cortas y rápidas, una instrucción de cómo enfrentarse a las adversidades de la vida con el optimismo cubano que, por lo menos ellos, tenían metido hasta la médula. El problema surgió cuando me topé en la puerta del hotel con Pablo Mizgier, el brand manager chileno, con el que había quedado el día anterior en grabar mi parte de la nota que los reporteros de chilevisión estaban haciendo. Ya lo había dejado plantado antes así que en verdad no podía seguir posponiéndolo. Pablo llamó a los reporteros que estaban por ahí cerca y, con cámaras y toda la parafernalia me dijeron que haga como si no existieran.

Les hice saber mi falta de tiempo y me insistieron que solo tomaría un segundo. Fue una hora. Alexis, el reportero me decía «haz como que grabai no mas, si es pa la tele» y Mauricio el camarógrafo daba vueltas alrededor mío mientras yo filmaba a un extraño prendiendo un cigarro. Cada vez que pensaba que habíamos terminado me pedían «una última cosa» como preguntarle cosas a una manicera, a un grupo que estaba conversando, a un taxista, etc. Todas, cosas que de verdad me había dedicado a hacer en Cuba. Igual lo pasé bien haciéndoles el show y el resultado quedó bien divertido.

Ahora sí que sí me quedaba poco tiempo, tenía literalmente nada de material y me quedaban como 4 horas de luz de sol para grabar en la calle. Me despedí y me fui corriendo a la casa de Ariel y Rosita… como siempre. Ésta fue la visita más corta que les hice y la más fructífera: a esta altura ellos casi no hablaban y esperaban mis instrucciones. A Rosita, mientras la llevaba al patio de su propia casa le decía que dijera, mirando a la cámara y con la pasión y talento que la caracterizan «vive la vida como si fuera una poesía» y que procediera a decir una corta y positiva estrofa del poema que antes había declamado entero. Todo esto con una botella de ron Havana Club en la mano como si fuera un brindis por la vida. Salió perfecto a la primera. Aaaah se me olvidaba describir el método chorísimo que aprendí en internet antes de partir que usé para grabar el video! El método consistía en hacer un trípode a partir de un cordel y así estabilizar la imagen sin problema. Así:

StringTripod

Apuradísimos, subimos a la terraza de esta pareja adorable y Ariel pasó a explicarle al mundo la filosofía con que vive su vida y la que todo el viaje me puso muy nervioso porque me afectaba directamente: «con o sin tiempo, haz las cosas con calma!».

Perfecto, llevo 2 instrucciones, eso equivale a…. 15 segundos de video. Me quedan 105. Abracé a cada uno agradeciéndoles por todo y desparecí por la calle. Estuve 5 minutos en el lobby del hotel bajando el mail de la Amalia con las máximas para la vida que me sirvieron para sacar ideas mientras caminaba por la calle buscando gente positiva dispuesta a aparecer en el video a cambio de nada.

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Rosita y Ariel en la terraza del edificio.

Problemas, risas. Más problemas, más risas!

Las próximas 3 horas me las corrí por la Habana Vieja y el Malecón entero (sus 8kms!) y conocí a muchísima gente y me reí con muchísimos extraños. Encontré sentada en la puerta de su casa a Paula, la «tía» que recrutó a su familia entera para que dijeran distintas instrucciones a la cámara, fue la que dijo mi frase favorita para este encargo que era la que me había enseñado Ariel el taxista cuando llegué el primer día: «Problemas, risas. Más problemas, Más risas!». En 15 minutos había grabado como 3 ó 4 frases que, si bien habían salido movidas y con tiempos muertos, me servían para lo que quería hacer. Con el poco tiempo que me quedaba no me podía dar el lujo de ponerme quisquilloso con la calidad que el iPad me ofrecía. Después de todo, casi todas las personas que actuaron lo hicieron con la mejor actitud y con la alegría que quería transmitir el video final. La cosa iba bien así que seguí caminando.

En el malecón me encontré con un vendedor de frituras acarameladas que después de varios intentos resumió mi propia filosofía de vida diciendo «goza los dulces» mientras apuntaba orgulloso su producto chorreante de aceite. Me comí dos bolsas. Absorvido por completo por la calma que te transmite el paseo por el Malecón, me fui pensando en cómo unir cada una de estas frases. Me senté mirando la ciudad y saqué mi croquera para ver cómo hacer que no quede aburrida tanta frase tirada al aire.

Le di una estructura que me imaginé acompañada por una música increscendo que haría inevitable que al final del video cada espectador terminara con los pelos parados de la emoción que le causaría experimentar semejante remezón al alma. Obviamente, ese no fue el resultado y fue muy frustante no poder lograrlo. Antes de poder ordenar todo el material en función de una buena canción tenía que tener material así que me iba a concentrar en eso ahora. Seguí caminando y me encontré con tres personas que, con la mejor de las voluntades, actuaron para mí pero terminé descartando por mañas propias: una mujer que tocaba en la tuba una canción muy fome, una pareja que se daba un beso muy asqueroso y un hombre con el que simplemente no me pude comunicar.

Como si se tratara de shakespeare, cuando volvía a perder la esperanza, el clima correspondió mi estado anímico con una lluvia torrencial, lo que me obligó a refugiarme en un pilar (la lluvia era casi horizontal). En mi escondite secreto me sonó el celular (lo que fue muy raro porque estaba en Cuba) y era Sam, de Saatchi. Me dijo que me había visto desde un taxi refugiándome en ese pilar y que la esperara porque me querían hacer un seguimiento para un video de registro. La prensa no me dejaba crear.

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Les juro que minutos antes de esta foto estaba lloviendo torrencialmente. foto: Richard Heald

Dejó de llover y se bajaron del taxi que paró al otro lado de la calle los 4 integrantes del grupo de registro de Saatchi. Me dijeron que siguiera trabajando y que los ignorara, así que crucé la calle dejando el malecón y me dirigí a un grupo de niños que estaba jugando futbol. Les ofrecí una bolsa de frugelés que me traje de Santiago a cambio de que gritaran a la cámara con el mayor entusiasmo que puedan: «pásalo bien!». Tomó alrededor de 10 intentos porque cada vez que salía bien, uno de los niños mostraba el dedo garabatero, haciendo que la toma fuera inservible. Le decía a ese niño que si no hacía lo que le pedí no habría dulces para él.

La cara de horror con la que los 4 de Saatchi observaban y registraban la escena me hizo ver que desde afuera me veía como un pedófilo que ofrece dulces a cambio de favores. A esa altura no me importó nada y seguí extorsionando a la insoportable criatura. La toma como de 4 segundos terminó quedando entusiasta pero un poco sobreactuada, pero sirvió y seguí con mi video.

Me colé en el taxi que los ingleses tomaron para volver al hotel y me dejaron en la Habana Vieja, donde, me escapé al lado más pobre y menos turístico. En las calles había barro por la lluvia de hace un rato y el reflejo en el suelo de los últimos rayos de sol hacía que se viera una atmósfera dorada digna de un cuadro. Esa pintura sumada a la actitud festiva de día feriado hacían que se diera un ambiente en las calles que nunca me había tocado vivir. Todos vivían la calle como si fuera una extensión de su living y trataban a los que pasaban por ahí con la calidez con la que un dueño de casa trata a sus invitados. Las mujes copuchaban, niños jugaban baseball y los viejos dominó. Todo esto se repetía en varias cuadras a la redonda y, lo mejor de todo, no se veía ni un solo turista.

Cada una de las personas a las que le pedí ayuda me la dio. Si usé o no el material es porque yo no fui capaz de transmitir lo que quería que hicieran, pero todos pusieron de su parte. Casi siempre contentándome con el primer resultado pasable que saliera, con ese ambiente de domingo en la tarde, me fue muy fácil juntar las instrucciones que me faltaban. Las últimas las hice realmente apurado porque las imágenes estaban empezando a quedar con esos granos típicos que aparecen cuando hay muy poca luz.

A primera vista, la filmación parecía estar lista. Eran las 7 y algo, estaba lejos del hotel y tenía que juntarme a las 8 allá para ir a comer. Como el iPad había que devolverlo el próximo día a las 9, tenía tiempo suficiente para comer rápido con el grupo y editar en la noche. Llegué al Parque Central con tiempo de sobra para disfrutar el camino hablando con un vendedor ambulante de libros cuyo diploma en microbiología no era suficiente para conseguirle un trabajo decente.

Alcancé a ducharme y pensar en la estructura del video una vez más y me acordé de esas imágenes muy buenas que había grabado en el citytour que me hicieron Ariel y Rosita en donde se veía cómo unos maestros que estaban arreglando unos adoquines sacaban la vuelta cantando y bailando. Se me ocurrió que con el tiempo que me faltara para llegar a los dos minutos mínimos de duración podría rellenarlos con esa buena muestra de espontaneidad de la cultura cubana.

Con el grupo de cámaras de Chilevisión y de registro de Havana Club siguiéndonos, me fui con Ivaylo de Bulgaria, Sergii de Ucrania y Evi en un Buick del 52′ al Café Laurent que tenía una terraza con una vista increíble al hotel Riviera, edificio que alguna vez en la historia fue el más alto del mundo. Me senté con Stamatis, la Nati, Calan, Denmark y los jueces Ben y Vicky. En el horizonte se veía una tormenta eléctrica espectacular que con sus relámpagos que cruzaban el cielo entero hacían que nuestra langosta (gigante!) pasara a segundo plano. La vida nunca me dejó de sonreír.

Nos contamos qué hicimos durante el día y nos dimos cuenta que estábamos todos en las mismas, nadie había terminado el video y todos planeaban pasarse la noche editando. Dejando por un rato el tema de lado, Ben nos contó alguna de sus aventuras viajando por islas paradisíacas durante «El Mejor Trabajo del Mundo» y Vicky nos contó más de sus múltiples viajes. Nos comentaron que el hecho de que nosotros hayamos alcanzado a ir a comer (muchos se quedaron editando en el hotel) era algo que debía ser tomado en cuenta a la hora de la deliberación final porque, después de todo, el ganador del año sabático iba a tener una enorme responsabilidad de llegar a todas partes a la hora y juntarse con un millón de personas a cada rato y sin mostrarse cansado. Ben decía que cuando se ganó el premio del «Mejor Trabajo del Mundo» pensó que iba a dedicarse a descansar en unas islas a pensar y escribir pero que resultó ser agotador el hecho de tener que ir a 62 islas en menos de 6 meses.

Ya era tarde y hablar de tanto premio entretenido nos motivó a ir a trabajar. Los finalistas nos retiramos en bus y, una vez en el hotel, cada uno se encerró en su pieza hasta tener algo que entregar el próximo día.

No quiero seguir aburriéndolos con la edición del video pero les puedo decir que me faltaba mucho para llegar a los dos minutos de duración y que la idea de unir todo con la canción filmada en la calle pudo no haber sido la solución más elegante pero sí la más eficiente.

A las 6 am, el video estaba listo. Estaba estructurado, alegre, dinámico y subtitulado en inglés. Tiene un millón de cosas que le arreglaría hoy día como los varios tiempos muertos, la falta de emoción del final, o un par de frases que no quedaron como quería pero para el objetivo para el cual fue hecho cumplió y quedé conforme. Éste es el video que presenté, espero que les guste:

El próximo día presentaría frente a los jueces a las 10:50 y anunciarían en la comida al ganador del año sabático. Apenas pude dormir una hora.

Publicado en La Habana

La Habana, Día 3: 30/04/13

Martes 30 de abril

Día 3 de 5. Me desperté como a las 7 estresado y ansioso por empezar a hacer el video. Llevaba desde el 25 de marzo pensando qué hacer y el día por fin llegó. Me obsesioné en buscar y conseguirme antes de mi entrevista con la prensa (tenía que estar en el lobby a las 10 30), la música que iría de fondo en mi video. Yo siempre he hecho los videos con la música como elemento organizador del material y el hecho de no poder usar cualquier canción y tener que limitarme a usar una de las -no tan buenas- canciones que venían puestas en el iPad me tenía preocupadísimo. Así que me duché rápido me tomé un cerdo desayuno de nutecino® (más conocido como tocino con nutella) y partí decidido a encontrar y grabar en vivo una canción que me acomodara al tiempo y ánimo que tenía pensado para el video.

Lo primero que hice fue ir a la casa de mi nuevo amigo Ariel que había conocido el domingo a preguntarle si sabía de algún músico o músicos que me pudieran ayudar. Su casa quedaba a dos cuadras del hotel, es decir en un lugar bien turístico y fue muy bacán mirar a los bicitaxistas que me gritaban taxitaximyfriend con cara de yo soy de aquí y desaparecer metiéndome a un edificio residencial. Ariel y su señora Rosita me hicieron pasar y antes que les preguntara cualquier cosa me tenían tomando café sentado en una reclinadora mientras me hablaban de poesía y me regalaban libros de José Martí. Cómo me sorpendí cuando vi el reloj y ya eran casi las 10:20! No estaba ni cerca de tener solucionado el tema de la música y me tuve que ir al hotel corriendo a buscar la polera negra que me pidieron que usara en la entrevista.

Entrando a la pieza suena el teléfono y era Sam, una de las organizadoras principales de Saatchi, diciéndome que la entrevista se adelantó y que me estaban esperando en el lobby para partir al malecón. Nos fuimos apretados en un bicitaxi Sam, Ivaylo de Bulgaria y yo y llegamos en 5 minutos. En la costanera, me estaba esperando un equipo de videógrafos ingleses debajo de un quitasol y me dijeron que la entrevista sería en inglés para que quede todo el video de registro en un solo idioma. Eso no me gustó nada. En fin, me hicieron varias preguntas tipo, como por qué crees que te deberías ganar el año sabático, cuál es tu destino favorito y cosas así. Al final no fue tan terrible porque los periodistas entendían que estaba nervioso y pedían respuestas cortas y concisas para que el video fuera rápido así que si me equivocaba podía repetirlo sin problemas.  Terminanda la entrevista y sacándome eso de la cabeza pude disfrutar por fin del lugar en el que me encontraba: el famoso malecón de La Habana.

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La cámara me ama.

A esta costanera cubanos y turistas recurren para descansar y darse un respiro de vez en vez. Caminar por kilómetros mirando el mar, a los pescadores, la ciudad al fondo, al relajado ritmo cubano es una experiencia que pareciera estar construída. No quiero ponerme fome pero desde el punto de vista arquitectónico/urbanístico, el malecón es un paseo que juega con tu estado de ánimo; te obliga a resignarte a pensar que queda mucho por recorrer y que no te queda otra que bajar el ritmo. si estás apurado automáticamente el ruido del mar y el recorrido parejo no te dan otra opción más que respirar lento y desprenderte de un paso del tiempo que en Cuba parece que no existiera. Incluso está hecho a la altura perfecta para sentarte cuando quieras mirando al mar o, si prefieres, a la calle.

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El Malecón. Foto: Richard Heald

Me fui por las ramas. El malecón no lo recorrería el martes si no el miércoles. Ahora me quedaría pegado hablando con Yaomí y Verónica, dos «cuentapropiístas» (trabajadoras con negocios no estatales) que estaban dándose un respiro en la mitad de una agotadora semana y se habían tomado el día (les recuerdo que era martes). Al lado del lugar de las entrevistas ellas estaban viendo por qué estaban las cámaras y en cuanto terminé se acercaron a mí a preguntarme qué onda. Les conté del concurso, del premio, del video y de qué tenía que hacer y me ofrecieron hacerme un tour por su verdadera Habana más cotidiana a cambio de unas cervezas. Caminamos unas 10 cuadras hasta adentrarnos un poco en la ciudad, alejándonos de la Habana Vieja, lugar que ya estaba empezando a conocer por su cercanía al hotel, y nos subimos a un bicitaxi para que me llevaran al mercado. Me dijeron que para que pasara un poco más piola me transformara: me dijeron que me pusiera la mochila de una manera menos turista, que caminara más suelto, y que me sacara las manos de los bolsillos, no porque fuera mala educación sino porque daba «una mala impresión. Yaomi me dijo que así pasaría más por estudiante de intercambio y no como gringo entrometido.

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Esta foto la sacó Richard mientras me entrevistaban. El de verde es Thomas, un francés coordinador del concurso de Havana Club, y el de negro es Ivaylo esperando su turno para la entrevista. Las de atrás son Yaomí y Verónica.

Con tanto cambio de apariencia me empezó a entrar una paranoia no menor y les pregunté qué estábamos tratando de evitar. Eran buenos para asaltar los cubanos? Me contestaron con un no rotundo, que en Cuba no hay lanzas, que nadie se atrevería jamás a robarle a un turista sin su consentimiento. Cómo así? Las estafas a los turistas son hechas por cazaturistas expertos en el tema, más conocidos como  jineteros. Ellos estafan y engañan a los extranjeros confundiéndolos con los cambios de monedas o diciendo poder conseguir habanos baratos y desapareciendo una vez recibida la plata. Así que tranquilo chico que no hay problema, que el cambio de aspecto es para que el video salga más natural. Velaban por la veracidad de mi video.

Llegamos a un decepcionante mercado con gente común y corriente con actitud de mall pero en condiciones más cubanas: edificio antiguo y oscuro, en vez de tiendas, puestos con manteles y cachureos, y gente con actitud de lunes. Eso último sí que era raro, hasta ese momento solo me había topado con gente en actitud de fin de semana. Salirme del mundo turista y meterme a la rutina habanera era algo que estaba buscando pero no me pareció nada atractiva para mostrar en el video. No es que quisiera mostrar solo la cara bonita e ignorar la parte fea de la cultura pero en verdad me daba lata mostrar a gente con actitud de metro de Santiago en un video sobre la sabrosura cubana y su expertise en cómo vivir la vida. Así que salimos de ahí, les agradecí a las dos con un par de cervezas por el paseo y me fui a caminar solo por Centro Habana.

Recorriendo, me metí a un par de librerías, y, obviamente, solo se mostraba un lado de la moneda ideológica y eso se sentía rarísimo. Uno está acostumbrado a mirar con un ojo crítico cualquier afirmación política, ya sea en internet, en la biblioteca de la universidad, en un cartel de la calle, etc. En esa librería y en todas a las que pude entrar, solo vi libros y tratados de lo bien que iban los Castro y su revolución, de cómo el imperialismo gringo mató la economía de la isla y cosas por el estilo. Uno pensaría que a esta altura, con internet y con una aparente decadencia del control del estado sobre la gente, habría un poco más de variedad política pero, por lo menos en lo que uno podría encontrar en la calle como material complementario a una opinión bien fundada, solo existe una versión «correcta» de la realidad.

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Nada más normal que ver pinturas en la calle y al interior de las casas idealizando a los padres de la revolución. Foto: Richard Heald

Ya eran casi las 2 y toda la mañana se me había esfumado. No llevaba nada del video y ni siquiera tenía la música de fondo. Me ubiqué en cuanto vi la calle Neptuno, que es la que usamos la noche anterior para volver caminando al hotel desde la Casa de la Música y me fui directo a la casa de Ariel porque en nuestra conversación de la mañana algo comentó de un tal Raul «el trovador» y quería ver si podíamos hacer algo con él.

La actitud de Ariel y Rosita nunca dejó de impresionarme. En cuanto llegué y les demostré mi angustia por el tiempo que llevaba gastado partimos a caminar al otro lado de la Habana Vieja a grabar a Raúl, el trovador. En el camino me relajé de nuevo con el city tour que me estaban dando. Me mostraron iglesias, un taller de serigrafía y el asilo estatal en el que vive Raúl. Sí, «el trovador» tiene 80 años y para entrar a su pieza tuve que dejar mi carnet en la entrada con un guardia con un gorro del Che. Nos recibió a los tres con mucho cariño y Ariel, muy ansioso, le pasó la guitarra para que me mostrara su versión de Guantanamera.

Yo pensaba que esto se iba a demorar un segundo, que íbamos a grabar y que yo iba a seguir haciendo mi video pero resultó ser una clase de ritmo cubano en todos los sentidos: sobre cómo se toman el tiempo para hacer las cosas aunque estén apurados y cómo la música la llevan en la sangre. El trovador tomó la guitarra, se demoró como un minuto en acomodarse en su reclinadora, medio minuto en acomodar sus dedos tiritones en el acorde que estaba tratando de recordar y el primer rasgueo fue fatal. Una nota desafinada y suelta como la de un adolescente tocando por primera vez. Ahí si que me preocupé.

Igual, y por cortesía, por todo lo que habían hecho Ariel y Rosita por mí, agarré el iPad y empecé a filmar sin esperanza lo que sea que siguiera. De un segundo a otro se acordó cómo tocar y qué manera de tocar! Qué bien cantaba y qué pasión le ponía! No tiene mucho sentido describir la canción pero les juro que es lejos pero lejos la mejor versión de Guantanamera jamás interpretada. Nunca me esperé esa calidad. Tocó varias canciones más y las grabé casi todas. Sus vecinas de pieza se asomaban por la ventana y le gritaban «todavía con la guitarra Raulcito!». No había como callarlo! Pasó más de una hora tocando y después de terminar con «Si vas para Chile» me dio un cálido abrazo (sin despegarse de su reclinadora) y me despedí de todos.

Eran alrededor de las 5 ó 6 de la tarde, me había cundido poco pero tenía harto material de Raúl cantando para hacer un video muy bonito- El problema era que, a menos que hiciera magia con la edición, el video quedaría bien lento. Así que concluí mi jornada de filmación y me retiré a mis lujosos aposentos del Hotel Parque Central a pensar bien y de una vez por todas en la estructura del video para poder tomar una decisión de qué grabar específicamente el próximo día.

Motivado por las imágenes de Raúl que tenía registradas en el iPad, traté de meterlas en la idea que venía pensando desde hace más de un mes. Sabía que el video tenía que ser dinámico, creativo, original, que dijera mucho de la cultura cubana (lo bueno y lo malo) manteniéndose siempre optimista y positivo. Sabía que entre los jueces que decidirían quién se ganaría el viaje por el mundo habría dos directores de cine y que el material no sería juzgado solo por su contenido sino que también por su forma, por lo tanto no podría ser fome. ¿Cómo mostrar en un video de 3 minutos el ritmo relajado tan característico de los habaneros sin volverlo aburrido y tedioso? Usando lo que ya tenía grabado ¿Qué pasa si me colgaba de los clichés que nos llegan a los turistas como las viejas fumando habanos, los autos antiguos o la misma canción Guantanamera y los analizaba a concho hasta llegar al fondo de la cultura?

Me acordé que entre las largas conversaciones con Rosita, ella me contó que declamaba muy bien a José Martí, el autor de la poesía que le da la letra a la canción de Guantanamera. Así que me decidí por eso: el próximo día iría por tercera vez a la casa de esa simpática pareja a grabar a Rosita declamar los versos originales de la canción cubana más cliché y conocida por los extranjeros como yo. Ese sería un concepto interesante que podría unir todo el material que llevaba y que sabía que diría mucho de la verdadera esencia musical de la Habana, es decir de mi interpretación personal de la «esencia de la Habana». Podría poner la música de fondo y la declamación encima y una vez filmado eso, me dedicaría a analizar otros clichés. En la noche del próximo día editaría y así, quizás alcanzaría a terminar a tiempo. Estaba decidido.

Desligado a medias del video por el momento, y un poco más tranquilo, eran casi las 8 de la tarde y mi exigente vida social de rockstar me llamaba. Nos juntamos en el lobby como siempre y partimos en bus al restorán privado Le Chansonnier. Me senté con la Nati, Calan, la jueza Vicky, Leenke de Bélgica y varios brand managers que no se integraban con el mismo entusiasmo de los finalistas. Todos comimos Pato Le Chansonnier que por el puro nombre se cacha que estaba exquisito. En el itinerario la comida era entre 8 y 11 pero a las 9:30 ya estábamos todos listos y como estaba organizado por ingleses puntuales nadie se paró de la mesa hasta las 11 en punto, obligándonos a todos a tener una sobremesa larguísima. En esa sobremesa hablamos del tiempo que llevábamos en La Habana, de lo que habíamos hecho de lo poco que quedaba y de lo que cada uno haría el próximo día, último día de filmación.

Yo les conté que Yaomí me había contado que a las 7 am, antes de que pegue el sol, en la Plaza de la Revolución habría un mega desfile de los trabajadores estatales que marcharían por la continuidad de la revolución y que, aunque fuera temprano no me lo perdería ni muerto. Además decían que hasta podría ir Raúl Castro. Todos se entusiasmaron (algunos ya sabían) y decidimos juntarnos el próximo día a las 7 en el lobby.

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La Habana, Día 2: 29/04/13

Lunes 29 de abril

Día 2 de 5. A las 10 fue el famoso briefing en donde el gerente de marketing de Havana Club Internacional Francoise Renie, nos dijo el itinerario de la semana que incluía comidas exquisitas en los mejores restoranes de La Habana (con mojitos ilimitados), un citytour para ubicarnos, dos días de filmación y edición, fiestas con grupos famosos de música cubana  para terminar con la presentación final de los videos al jurado y una comida/premiación/fiesta con un otro grupo famoso de reggaeton, los Kolaloca.

Francoise le pasó el micrófono a los de Saatchi para que nos contara más del encargo oficial y qué esperaban de nuestros videos. En cuanto a los requisitos los dejaron igual de amplios que de lo descrito en el contrato: que retrate el espíritu de La Habana pero le dieron mucho énfasis a que esperaban 18 videos muy distintos, originales y que demostraran que fuimos más allá de los estereotipos turísticos. Repartieron los iPads y nos fuimos a sacar la foto oficial todos los finalistas con las poleras negras que nos regalaron en el paquete de bienvenida.

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Muuuy entretenido el briefing. Estábamos por fin empezando oficialmente la competencia final. justo en la esquina de abajo a la izquierda se ve una parte de mi muy fotogénica rodilla… creo.

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De izquierda a derecha: Dinamarca, Grecia, España, Canada, Italia, Chile, Chipre, Latvia, Irlanda, Bélgica, Ucrania, malta, Portugal, Estonia, Bulgaria, Alemania, Colombia y México. Foto: Richard Heald

Partimos en bus a almorzar a La Guarida, que había sido un lugar de filmación de la película de Juan Carlos Tabío (uno de los jurados) Fresa y Chocolate. El lugar era más bonito que rico y un bus de esos bien turísticos y sin techo nos pasó a buscar para dar vueltas por la ciudad entre 2 y 6 de la tarde.

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Conocimos la plaza de la revolución, el bar la Floridita (la casa del Daiquiri), y la Bodeguita del Medio (la casa del mojito). Fuimos además al museo del ron y paseamos mucho a pie por La Habana Vieja. Lo mejor de todo es que como a todos nosotros nos gustaba el tema del viaje y teníamos algo de experiencia en el tema, teníamos más que claro que la Cuba que nos estaban mostrando no era más que una superficie muy disfrazada que no correspondía en nada a la verdadera realidad de La Habana, pero no por eso nos íbamos a negar al paseo que era inobjetablemente interesante.

Después de dar vueltas por el centro más turístico todo el día, tuvimos una hora para descansar y prepararnos para ir a comer a otro restorán, esta vez El Templete. Éste estaba más rico, especialmente el brownie con helado de piña con frutilla del postre. Las mesas eran de 4 y yo me senté con Ligia, Eliza y Natalia (de Portugal, Italia y España) y me contaron un poco de cada una. Una de las cosas más interesantes que aprendí es de la existencia de las competencias de tunas universitarias, y de la participación de Ligia en una de ellas como la encargada de la pandereta. Eliza y Natalia me hicieron saber lo mal que estaban sus países económica y políticamente. Cuando les hablé de Chile, de sus atractivos turísticos y de su buen momento económico me sentí como un alemán hablándole a un etíope aunque sí sé que no es para tanto… En la mesa comentamos lo rara de la situación en la que nos encontrábamos y nos dio risa pensar que hace 4 meses jamás nos hubiésemos visto a nosotros a fines de abril comiendo en Cuba rodeados de esta gente compitiendo por un viaje de ese porte.

Después de la comida, aunque estábamos agotadísimos, partimos todos en bus a la Casa de la Música, parando primero en el hotel por si algún débil se quería bajar. Poca gente se bajó, me parece que ninguno de los finalistas, y no nos demoramos nada en llegar todos, un grupo de 25 personas liderado por el muy carretero juez Francoise, a la fila del local. Después de esperar un rato bastante largo pudimos entrar y lo que nos esperaba adentro sí que me sorprendió. Era un local tan pero tan grande, con una calidad tan fuera de contexto que era rarísimo pensar que se ubicaba en La Habana. Pasar de estar en 1959 al exterior, con los autos y las construcciones con las marcas claras del paso del tiempo a un 2013 del interior con pantallas gigantes de LED pasando videos de reggaeton y luces de colores intermitentes mientras la gente (cubanos y turistas) pedían y pedían tragos de la barra, chocaba mucho. El día anterior había hablado con mucha gente sobre las difíciles posibilidades de vivir bien en Cuba, y darme cuenta que la desigualdad igual existía y que mientras algunos habaneros ganaban el sueldo mínimo de 200 pesos en moneda nacional (ó 10 CUC, moneda para turistas) otros pagaban esa misma cantidad de plata para una noche de carrete. A mí como turista no me cuesta tanto pagar eso, son como 5 lucas, pero para ellos el solo hecho de entrar ahí es un esfuerzo importantísimo.

En el momento mismo no pensé en eso y me dediqué a disfrutar. Nos sentamos con Patrick de Dinamarca, Vicky (la jueza inglesa bloguera), Elaine de Malta e Indrek de Estonia y hablamos por un buen rato. Como éramos muchos, el segundo día todavía no nos acordábamos de los nombres así que nos llamábamos por el nombre de los países así que, obviamente, yo quedé como Chili. Denmark (22) me contaba que en su vida real (así le decíamos a nuestra vida fuera de LaHabana) él estaba terminando de estudiar cantinería y servicios o algo así, y que su examen final a la vuelta del viaje, sería ser el cantinero de la reina de Dinamarca y eso lo ponía muy nervioso. Elaine (32), por otra parte, me contaba que ella se dedicaba al negocio inmobiliario, que no había estudiado nada pero el tema de la compra y venta de casas le apasionaba y probaba, transacción a transacción, ser muy rentable así que me recomendó hacerlo… como si fuera tan fácil como hacerme un pan con palta.

Con Indrek (23) ya había hablado antes así que ya sabía que estudiaba economía en Estonia y que se había tirado en paracaídas pero con Vicky era la primera vez que conversábamos. Me contó que se dedica a escribir en la página gapyear y que además en su tiempo libre administra su propio blog de viajes vickyflipfloptravels.com en donde habla de sus mútiples aventuras alrededor del mundo. Yo me hice el impresionado pero como hace un mes que la tenía cachadísima me limité a decir en mi tono más gringo «woow» y acepté las tarjetas que me dio de cada página. Me hubiese gustado haber hablado más de sus viajes mismos pero la Nati de España nos invitó a sus clases privadas de salsa en la pista de baile (al son del reggaeton, obvio).

Ya iban a ser las 3am y el próximo día sí que se nos venía duro: iba a ser el primer día de filmación y en el itinerario decía que tenía que interrumpir la producción del video y estar en el lobby a las 10:30 para mi entrevista personal (en inglés) con la prensa, así que decidí que lo más prudente era partir con el primer grupo de vuelta al hotel.

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La Habana, Día 1: 28/04/13

Cual bloguero de viajes experto, parto escribiendo en mi nuevo iPad sobre mis aventuras en La Habana. Tengo a Alexis, uno de los reporteros de Chilevisión que me siguió por la Cuba mientras grababa, a un lado y al jefe de marca unos asientos más adelante y vamos en el vuelo de vuelta a Chile desde Cuba. Quiero compartir un poco la experiencia increíble que tuve esta semana recorriendo La Habana en formato de bitácora partiendo por el día 1: el domingo 28 de abril. En los próximos días voy a terminar de escribir el resto y los voy a subir a medida que estén listos.

Havana Club Gap Year Competition

A través de facebook, Havana Club Internacional con la ayuda de los publicistas especialistas en social media M&C Saatchi, lanzaron en enero una competencia pública por un viaje de 12 meses por 12 países con todo pagado. Para concursar solo bastaba subir a facebook video de máximo un minuto de duración contestando la pregunta ¿qué tres cosas dejarías en tu país si te ganaras el año sabático y qué tres cosas dejarías?

Como el premio final me pareció suficientemente motivante, filmé el video con la ayuda de mi familia,  lo subí el 10 de febrero y se lo hice saber a todos los que pude. Los 5 videos más votados pasarían a una próxima etapa de entrevistas donde evaluarían a los creadores de los videos y sus motivaciones para ganar. En esa fase de selección elegirían a uno para participar en La Habana contra los finalistas de todo el mundo.

Con la ayuda de mi familia y amigos, el video tuvo 345 votos haciéndome clasificar a la fase de entrevistas y, como mi encantadora personalidad caía dentro del perfil que buscaban, salí seleccionado para representar a Chile en La Habana. Esto significaba que en menos de un mes (el 28 de abril) tendría que ir a Cuba a competir contra los creadores  de los videos más votados de todo el mundo y eso me ponía muuuy nervioso y ansioso. En Cuba tendría que hacer un video corto que pusiera a prueba mi capacidad de transmitir con pocos recursos el espíritu de una ciudad. Después de todo el ganador tendría que manejar un blog de Havana Club y contar semanalmente con videos y fotos cómo va el viaje final.

Los de Havana Club Chile me contaron del estilo de vida que tendría si ganaba la competencia; el ganador se quedaría un mes en cada uno de las siguientes ciudades: La Habana, Londres, Barcelona, Berlín, Toronto, Tokyo, Melbourne, Rio, Valparaíso, Buenos Aires, París y Moscú. Todos los gastos de transporte estarían pagados y sería obligado por contrato a pasarlo excelente y a gastar 2000 euros mensuales en actividades memorables y en comida. Tendría que grabar un video de dos a tres minutos grabado con un iPad mini y editado en el iMovie que viene instalado. En el briefing de bienvenida nos darían más información.

La preparación del viaje hizo que me fuera cayendo la teja de a poco de que existía verdaderamente la posibilidad de ganarme este medio premio. Cada trámite me hacía pensar que esto podría convertirse en algo real: el seguro médico, la visa, el itinerario, los pasajes, etc., me ponían más presión para pensar bien en la creación de un buen video que demuestre los valores de la marca de ron y que retrate el verdadero espíritu de La Habana. Como no había estado nunca en Cuba, convoqué a la prestigiosa CCTBW, más conocida como la Comisión Creativa del Team Benjamín Wilson® para que me dieran ideas de qué incluir en un video. No pudo haber sido más útil. Además de esa asesoría conformada por la Amalia, amigos y hermanos, investigaba en internet cada vez que tenía tiempo tips que me pudieran ayudar en la edición del video final. Investigaba también a los jueces y a mi competencia a medida que los iban anunciando y agregué a Facebook a todos los que encontré para hacer un grupo de los participantes para que contemos quiénes éramos. Fui capaz de encontrar solo a ocho de los 18 finalistas pero resultó ser muy útil porque cada uno contaba quién era y así nos pudimos reconocer al tiro cuando nos encontramos en Cuba y ya sabíamos qué hacía cada uno con su vida.

Después de una larga espera, como diría Rafiki, llegó la hora. La Amalia (mi polola), Seba (mi hermano y autoproclamado asesor de imagen) y la Pai (mi prima) me fueron a dejar la noche del sábado 27 porque mi vuelo partía a la 1 am del domingo.

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La barra en el aeropuerto con el célebre #vamosbenja

Domingo 28 de abril

El viaje de ida fue muy agradable y abundante en desayunos: el primero fue muy rico de panqueques con syrup, el segundo desayuno consistió en dos rollos de canela del Cinnabon (misma marca de rollos de canela que NO ABRE NUNCA EN EL COSTANERA) que encontré en la parada de escala en Panamá y el tercer desayuno fue otro de panqueques con syrup. La verdad es que no des-ayuné ninguna vez porque nunca ayuné. En fin, llegué a La Habana el domingo a medio día.

Me recibió en el aeropuerto Juan Carlos («con el mismo nombre del rey pero con menos lujos» en sus palabras) con un letrero que decía «finalists Gap Year». Yo me acerqué y después de hablar un rato me llevó a un taxi que me trasladaría al Hotel Parque Central. Fue en ese taxi cuando conocí al primer Ariel que me ayudaría a llegar muy lejos en la competencia mundial. Mientras viajábamos los 20 kms de trayecto del aeropuerto al hotel hablábamos de mi razón del viaje y de su cultura cubana interrumpidos solo por gritos míos de asombro cada 3 segundos por los autos antiguos espectaculares que nos acompañaban. Le conté que me encontraba en Cuba participando por este medio premio y que para ganarlo solo necesitaba hacer un buen video mostrando la verdadera «esencia de La Habana». Bastó decirle eso para que se largara a hablar con su acento cubano cantado de su interpretación del Habanero de verdad y apenas alcancé a sacar mi croquera para tomar notas:

«la esencia del cubano es su simpatía. No importa que no tenga comida o casa, siempre serán simpáticos. A todo le saca un chiste y si no hay chiste que sacarle le saca una canción. A cualquiera le puede pasar algo malo y a todos les pasa. Lo importante es saber cómo dar con la mejor cara para cada problema: a cualquiera se le muere un tío!

Por eso yo siempre digo: Problemas risas. Más problemas, más risas!»

Con ese discurso motivacional de película, y después de que Ariel el chofer tuviera una conversación de auto a auto en plena carretera sobre el rico desayuno que tuvo en la mañana con el taxista del Buick del 52′ que iba al lado nuestro, llegamos a la plaza central y me dejó en la puerta del hotel. En la recepción del lujosísimo edificio me dijeron que la pieza no estaría lista hasta pasadas las 4, es decir en poco más de 3 horas. Así que dejé la maleta en custodia y partí a conocer los alrededores. Ahí me di cuenta que mi pinta de turista crónico no me hace pasar inadvertido y que los cubanos tratando de hablar en idioma turista solo saben decir taxitaxitaxi look taxitaxi my friend!

En cuanto esquivé por una cuadra entera a los choferes de bicitaxis di unas cuantas vueltas a las manzanas cercanas al hotel y terminé almorzando en la terraza con una vista increíble del hotel vecino, con mozo personal (porque no había nadie más) y con una vista privilegiada al capitolio. Un dato curioso del capitolio: es una copia idéntica al de Washington pero más alta. Lo divertido es que la variación varía según quien cuenta el dato pero estoy seguro que va entre los 2mm y los 8 metros.

Viendo caminar e interactuar a los cubanos desde el piso 8 no es exactamente ver la verdadera Cuba así que me terminé el arroz con pollo y mi primer mojito del viaje y partí a sentarme a la plaza central. Desde esa banca sí que me acerqué a una Cuba más auténtica. Me senté al lado izquierdo de Onelio el confitero, un señor de 70 años que miraba el horizonte con una desesperanza que se le notaba en la forma de sentarse y después de como media hora de silencio le pregunté qué significaba unas siglas que estaban en la fachada del edificio al otro lado de la calle Prado. Me respondió con unas palabras que parecían que le pesaran por lo cansadas que sonaban que ésa era una central de sindicatos pesquera. Quería saber más pero empezó a divagar y no pude retomar esa parte de la conversación. No importó mucho porque pasó a contar parte de su vida en voz alta, de cómo la vida en Cuba era muy difícil, donde la policía te cobraba impuestos por todo y te ponían problemas por hacer lo que fuera y eso me interesaba muchísimo. A él la vida lo había tratado muy mal, no tenía un peso como la mayoría de la gente con que hablé y era el primer cubano triste que me tocó conocer. El primero y único. Le pregunté si podíamos tocar el tema de la política y de los cambios que habían estado sucediendo desde la baja de Fidel hace cuatro años o si era demasiado delicado tocar el tema. Onelio miró a mi izquierda a un señor con bigote que estaba sentado a mi lado y me contestó que prefería no hablar de eso.

El de bigote era el segundo Ariel que me ayudó y terminó siendo un gran actor para mi video, casi tan bueno como su señora. Ariel intervino y dijo: si le dices a un policía que estás en contra de la revolución te metes en un lío, pero entre nosotros podemos hablar con completa libertad! Yo me giré a la izquierda y Onelio se puso de pie decidiendo que su descanso había terminado. Me dio la mano con una sonrisa sincera y se fue dejándome solo con Ariel el del bigote. La próxima conversación se alargó por más de tres horas y fueron interviniendo con risas y comentarios cortos varias personas que decidían usar el espacio intermitentemente vacío a mi derecha. Hablamos de la religión, de la economía, del turismo, de la situación real de la mayoría de los habaneros, del efecto del embargo de los Estados Unidos, de su relación con los soviéticos, de la educación, del karma y la reencarnación, de los poetas de nuestros respectivos países y finalmente me llevó a su casa a mostrarme su orgullosa colección de libros. Era cultísimo, muy curioso y estaba ansioso por mostrarme todas sus pocas pero valiosas pertenencias. Me introdujo a su señora Rosita y resultó ser incluso más interesante que Ariel: declamaba con una pasión desgarradora los versos de José Martí (que conocí gracias a ellos), cantaba con un grupo de coro «somos el mundo, somos los niños», versión en español de la canción de Michael Jackson y en su tiempo libre pintaba en una tienda para vender cuadros a turistas.

Me fui al hotel porque ya eran como las 7 y mi pieza del ahora incluso más lujoso hotel estaba lista. Me dieron la pieza 438 y era gigante! Me esperaba en un escritorio un paquete de bienvenida con una polera negra con los nombres de todos los participantes y el itinerario mío, de las entrevistas con la prensa internacional (lo que me puso muy nervioso) y de las presentaciones a los jurados. Había también en el paquete un ron de 7 años, unas instrucciones de cómo editar videos en el iPad y unas notas de lo que se venía en la semana. Me duché y partí a a la terraza al cocktail de bienvenida que salía en el papel que había leído recién. Allá debieran estar todos los organizadores y los finalistas.

Nos recibieron oficialmente a las 8 de la tarde con un cocktail de bienvenida y una comida en la terraza del mejor hotel de Cuba. Desde el principio Saatchi, los publicistas organizadores, dejaron clarísimo que la semana andaría como reloj y que nos tratarían como rockstars. Lo estaban demostrando bien con la ida a buscar personal al aeropuerto, el ron y otros regalos de bienvenida en la pieza (gigante) privada y la vista increíble de la terraza. Puros detalles que suman una experiencia impecablemente organizada.

Mis 17 compañeros finalistas eran de lo más variados que hay en todos los sentidos posibles: el rango de edad iba de los 20 del griego Stamatis hasta los 37 del ucraniano Sergii. Solo por la imagen que me iba formando de cada uno en facebook me los imaginaba a todos dignos de conocer pero al conversar con ellos en vivo me di cuenta de lo rara de la situación y de lo poco común que es ver gente así de distinta con pasiones e intereses tan parecidos. Como es natural, conocí mucho más rápido a los hispanohablantes (Natalia de España y Julián de Colombia) y a los que se acercaban a mi edad (Indrek de Estonia, Stamatis, Patrick de Dinamarca, Lenkee de Bélgica, Legia de Portugal y  Evi de Chipre). Después, y muy naturalmente, terminamos todos hablando con todos fascinados por la situación en la que nos encontrábamos. Es impresionante como todos compartíamos la misma pasión por los viajes, las fotos y los videos. Todo este evento en la terraza fue vastamente registrado por el equipo de fotógrafos y camarógrafos ingleses de Saatchi y nos dijeron que nos seguirían a donde fuéramos los próximos días así que que nos acostumbráramos a las cámaras no más. Esta vida de fama y eventos sociales no es para cualquiera, ok?

Después y aunque ya era tarde, partimos todos en patota al Malecón que estaba como a 15 minutos caminando y en esa caminata nos seguimos conociendo. Hablé con Nicolai de Bulgaria, el brand manager de la marca en su país y resultó tener un blog de sátira política que ahora es exitoso como el the Clinic. Conocí a Calan de Canadá y me contó que tiene una página y que es un life coach y que ha cantado con Sarah Mclachlan. Hablé un poco con el misterioso participante de Ucrania que no logré descifrar pero resultó ser my alegre dentro de su indescifrabilidad. La gente estaba demostrando ser muy agradable y me dieron ganas de hablar con todos pero ya tendría tiempo en la semana para conocer al resto de los finalistas.

Yo ya iba casi por las 24 horas despierto y no era ni el lunes de la que sería una de las semanas más cansadoras e intensas de mi vida. Eran casi las 2 am y el próximo día a las 10 sería en briefing en donde nos darían oficialmente el encargo del video y nos darían detalles de lo que esperan de nosotros en la semana así que partimos en grupo al hotel porque estábamos todos muy cansados por nuestros viajes desde todas partes. Todavía no podía creer en donde estaba y lo que estaba haciendo cuando caí muerto en mi cama más ancha que larga.

credit: richard Heald

Recién el jueves sabríamos quién se iba a llevar el premio más grande. foto: Richard Heald

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El Cielo es el Límite

 

Es increíble cómo los artistas tienen una capacidad de ver el mundo con otros ojos. Cuando el artista francés Thomas Lamadieu se encuentra con un panorama de edificios altos, al subir la cabeza, no mira ni la arquitectura ni el cielo. Él ve  un mundo infinito de posibilidades fantásticas que esperan ser dibujadas en los intersticios. Con este genial y muy simple trabajo, Lamadieu nos invita a usar la imaginación y ver la vida desde un punto de vista más infantil. Les dejo una selección de su serie de fotos llamada Sky Art.

 

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