El Universo IV

Desde el 4 de junio, Pablo Tirado ha mostrado su visión del universo, en una cuadrilogía de artículos sobre el tema, sacando una columna todos los sábados de cada mes. En el primer artículo habla de cómo el humano percibe su entorno,en el segundo expone el problema de la espacialidad dimensional y en el tercero afirma que hay vida en el espacio. Para esta ocasión, y para concluir con la serie, Pablo especula, respaldándose siempre por el manejo de datos científicos duros, sobre la exploración extraterrestre.

¿Somos observados?

La exploración del espacio que conocemos, poblado de millones de millones de cuerpos sería difícil para cualquier raza inteligente por que los obligaría a cruzar grandes distancias insumiendo importantes cantidades de tiempo. Esto,  por la imposibilidad de avanzar a mayor velocidad que 300 mil kilómetros por segundo, velocidad de la luz.

Así, la exploración que puede hacer cada raza inteligente se reduce a un pequeño espacio cercano en términos cósmico, a su lugar de origen. Sin embargo si esas razas desentrañan las técnicas de la entrada al hiperespacio y su regreso, quedan liberadas de las ataduras que le impone el “arrastrase” por el espacio tridimensional, permitiéndose explorar cualquier parte del Universo independiente de dónde esté ubicado.

Incluso podría explorarse zonas que hoy y en el futuro quedan inaccesibles. Conocido es que el universo se  expande, esto es, que las galaxias se alejan entre sí. Llega el momento en que la velocidad con que se alejan es la velocidad de la luz y en ese momento se hacen inalcanzables entre sí, constituyendo islas intocables distribuidas en el espacio. Más fácil es explicarlo en dos dimensiones: Si un espacio bidimensional se extiende esféricamente en la tercera y esa esfera crece de porte con el tiempo, esto hace que las galaxias de ese espacio se alejen entre sí constituyendo un Universo en expansión. Para ir de una galaxia a otra se debe utilizar el espacio bidimensional disponible, esto es, viajando por la superficie de la esfera. Pero si la velocidad del crecimiento de la distancia entre dos puntos, digamos A y B es  igual a la velocidad de la luz, al salir de A a 300.000 kilómetros por segundo hace que nunca lleguemos a B.

Volviendo al tema de la exploración, hagamos una especulación. Raza inteligente. Domina la técnica de la entrada, traslado y salida del hiperespacio. Sus integrantes pueden calcular con precisión las coordenadas espaciales y temporales del punto en que un móvil puede emerger del hiperespacio al espacio normal. Esta materialización le exige que en el punto de emergencia haya vacío para evitar la aparición de materia donde hay materia, ya que provocaría una interacción que probablemente presentaría las características de una  explosión atómica desintegrando el vehículo explorador  (¿Ha habido explosiones atómicas  no explicadas?). Esta experiencia los obliga a emerger a alguna distancia de los cuerpos celestes investigados y sus atmósferas. La operación de mantener el explorador en el hiperespacio, de materialización en las coordenadas de término, y su maniobralidad para hacer la exploración final les debe costar ingentes cantidades de energía, siendo una operación cara y peligrosa. La peligrosidad la evita enviando sondas no tripuladas, con exploradores artificiales. Hacen economía emergiendo lo más cerca posible del planeta por observarse. Hacen rápidamente las observaciones, se alejan  y se “sumergen” de regreso.

Si se corta la energía que lo mantiene materializado se desmaterializa y probablemente regresa con algún efecto importante sobre el punto de inmersión que desconocemos. El barrido sistemático del Universo les ha enseñado a concentrarse en los puntos en que es más probable que haya vida semejante a lo que ellos tienen o que a ellos les interesa.

Las observaciones las hacen con un objetivo. No porque sí. Su objetivo parece requerir una cierta madurez de la raza investigada. Juzgando sobre la frecuencia de las observaciones que hemos hecho sobre objetos voladores no identificados, nosotros deberemos estar cerca de esa madurez.

Nunca podremos encontrar restos físicos de OVNIS porque su desmaterialización y regreso es obligado.

La especulación anterior puede no ser más que eso, una especulación, porque nuestra civilización puede no tener ningún interés para ellos, y no pueden darse el lujo de gastar sus recursos en explorarnos. J. J. Benítez en su libro Caballo de Troya, en que especula sobre adonde ir al pasado con una costosísima máquina exploradora, tenía un problema parecido. ¿Qué punto del pasado ameritaba una investigación tan cara? Resuelve el problema yendo al día de la muerte de Cristo. Realmente no había en la historia de la humanidad puntos tan relevantes en su desarrollo como el escogido. Brillante solución. Pero, ¿Nosotros tendremos algo especial que a una raza exploradora que puede escoger cualquier punto del Universo los haga gastar recursos investigándonos? Lo dudo. Mi duda se basa en que, es muy probable que en el futuro nuestra humanidad  construya una máquina que permita regresar al pasado, pero realmente en nuestra época no hemos encontrado nada que indique que hemos sido explorados por gente del futuro. O sea acá  no han venido. Esto significa que nuestra época no les proporciona nada que les sea atrayente y gastan sus recursos en otras edades de la humanidad. Si es así para  nuestra propia especie ¿Qué queda para extraterrestres?

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Publicado en Tetralogía del Universo

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