La Herida de Chile

La política rara vez tiene un espacio acá en el élei (léase L.A. en inglés como la ciudad gringa – Los Angeles / Lego Amarillo -… ah? ah?) pero como lo dijimos en la introducción, este blog sirve para compartir las cosas interesantes que vamos encontrando en la web y esto es definitivamente más que interesante. Se trata de la columna de Martín Gutiérrez, un alumno de tercer año de derecho en la Universidad Católica, quien escribió, con un vocabulario y redacción envidiable, esta columna en la página de su centro de alumnos que creo vale la pena leer. Se titula “La Herida de Chile“.

Me disculpo por el título trillado. No se me ocurrió uno más original. Es que sobre nuestro mayor problema casi se podría decir que hay una especie de consenso; son las soluciones las que nos dividen. Es lugar común que la mayor herida de Chile, la culpable de nuestra cara más impresentable a nivel internacional, y aquello en lo cual es evidente que debe concentrarse el trabajo del gobierno, es la desigualdad. Ya es parte de nuestra idiosincrasia, de la incomprensible dualidad que nos caracteriza. Y es que en Chile coexisten por lo menos dos países en uno. Uno comienza a codearse con el primer mundo, del cual es un a veces penoso reflejo; el otro sigue estancado en un sempiterno Macondo.

La discusión política ocurre como siempre en un nivel visceral, de forma que las soluciones propuestas se pueden reducir a dos: mucha intervención igualitarista por parte del estado (la minúscula es intencional) o sólo un poco. Y es por esto que escribo esta columna; creo que el problema necesita y merece un esfuerzo mayor por parte de quienes participan de la discusión e influyen en la dirección del país. En el futuro nosotros seremos parte de ese grupo, y en el siglo veintiuno ya no podemos funcionar con la misma lógica del diecinueve. No nos demos el lujo de argumentar con la guata en vez de hacerlo con la cabeza, nosotros que en teoría conformaremos mañana la elite intelectual del país; si no asumimos nosotros esta responsabilidad, en unos años más no habrá nadie que lo haga.

La desigualdad de los chilenos no es sólo económica. Esa es una de sus caras. Las demás, que son la causa de la primera, son mucho más aterradoras. La desigualdad de Chile es estructural, endémica; se manifiesta visiblemente en el habla, la cultura y las costumbres; y su mayor componente sigue siendo étnico. A tal punto lo sigue siendo que con sólo mirar a alguien se puede saber con certeza a qué clase pertenece, lo cual nos indica que la ansiada meritocracia está a décadas o siglos de distancia. Los que afirman que somos una sociedad de castas más que de clases tienen razón. No somos comunidad; no nos sentimos iguales en casi ningún respecto. Basta que nos demos una vuelta por los sectores poniente o sur de Santiago. ¿Qué tenemos en común? Nada. Lo que nos une no es más que un accidente, un azar que hizo que naciéramos en el mismo territorio geográfico. Los dos países que conviven en esta tierra son actualmente irreconciliables. Corresponden a formas opuestas de entender al hombre, a la sociedad y al trabajo. Al trabajador de clase media, vaya uno a explicarle las bondades del sistema de AFP en comparación con la previsión estatal; o vaya uno a explicarle al de clase alta por qué es justo que le quiten la mitad de sus ingresos para entregárselos a los que a diario intentan robarle lo que es suyo.

El fenómeno de la desigual distribución del ingreso, meramente económico, es el resultado de divisiones anteriores y más hondas. El sistema llamado neoliberal viene a revelar algo triste: que lo que tiene para ofrecer un sector de la sociedad no tiene utilidad ni interés alguno para el otro. Y esto es algo que la acción del estado difícilmente puede remediar. El sistema es presentado como el culpable, pero no ha hecho más que desenmascarar algo que en primer lugar no debería estar ahí, y que otros sistemas tratan de esconder, perpetuándolo. No ayuda en nada que todavía tenga credibilidad la vieja fábula según la cual los pobres son generosos y buenos y los ricos egoístas. Ojalá fuera así de simple, porque es una idea intelectualmente más cómoda, pero la realidad es que en todas partes hay gente buena, mala, más o menos, esforzada, floja y, sobre todo, sub-educada. Y en esto espero estar equivocado, pero sospecho que la causa de la pésima educación estatal es que al gobierno mediocre no le conviene tener electores educados. Los gobiernos del mundo aprovechan la infantilidad de la población para conservar el poder, abusando de conceptos ya vacíos de contenido, con los que justifican el echar mano de los recursos de los particulares, imponiendo restricciones y tributos injustos para solventar las limosnas. Es una forma bastarda de gobernar, y lejos de solucionar la pobreza la perpetua. Enemista a las clases sociales entre sí; frena el crecimiento; condena a los pobres a la dependencia del estado y termina de convencerlos de que no pueden por sus propios medios poner fin a su miseria. Pasa por encima de la justicia al desconocer propiedades y libertades, las cuales están por sobre toda ley; y además lleva aparejada la imposición de una dogmática que el ciudadano libre no tiene por qué aceptar, porque es totalitarismo disfrazado.

El chileno, callado y servil, lo tolera todo en silencio, desde las inclemencias de la tierra hasta el mal gobierno; pero es un insulto a la persona y a su libertad, que es para lo que ella nace y que nadie tiene el derecho de quitarle; y si efectivamente estamos dispuestos a renunciar a ella, entonces me habré equivocado, y no debiera ni molestarme en escribir.

Los componentes de nuestras desigualdades están enraizados en nuestra cultura y ninguna imposición gubernamental va a arrancarlas; por lo demás, no es ése el papel que le corresponde al gobierno. Se nos impondrán igualdades matemáticas, artificiales, pero todavía tenderemos a la división, y con la pillería que nos caracteriza encontraremos la manera de restaurarla. Para que termine la desigualdad harán falta procesos sociales que han de tener origen en los individuos mismos, no en las leyes; porque pretender amoldar la conducta de los ciudadanos mediante la ley es indigno de una sociedad que se llama a sí misma libre. No hay solución ni de corto ni de mediano plazo. No la veremos ni nosotros ni nuestros hijos. El gobierno cumplirá su parte si promueve la educación y procura la inclusión de los pobres en la actividad económica; pero los cambios sociales necesarios tomarán al menos cien o ciento cincuenta años. Falta que los chilenos vivamos juntos tragedias que aumenten el magro puñado de elementos que nos unen. Falta que muchos ciudadanos puedan abandonar los prejuicios que tienen contra la otra casta social (los cuales en la actualidad, tristemente, no siempre aparecen como injustificados): que el rico intente ponerse en el lugar del pobre, trate de dimensionar su sufrimiento y deje de considerarlo menos persona que él, y que el pobre deje de situar en el rico la causa de su miseria, y abandone ese odio profundo y subterráneo que ni los peores enemigos merecen. Nos quedan todavía muchas décadas de pobreza: mientras haya desigualdad estructural y mental, el crecimiento económico, que nuestro sistema al menos tiene la ventaja de favorecer, no se traducirá en una mayor igualdad monetaria.

Como sociedad matriarcal, estamos acostumbrados a que todo nos venga de arriba. No nos viene muy bien la libertad; nos asusta. Basta con ver que ante una emergencia mínima, como una simple lluvia o un aumento de la congestión vehicular; todos miran al estado sin saber qué hacer. Soy consciente de que tener un gobierno liberal implicaría casi cambiar nuestra esencia misma, pero es un cambio necesario, porque una sociedad donde haya verdadera igualdad no puede sino ser liberal; los gobiernos autoritarios, como han sido los nuestros históricamente, lo han sido porque gobernaron para algunos y debieron en consecuencia acallar a los otros. Con el tiempo, superadas nuestras desigualdades esenciales, y siempre que se favorezca la educación, vendrá la mejor distribución del ingreso. Cuando cada chileno sea capaz de valerse por sí mismo intelectual y económicamente, entonces seremos inmunes a toda imposición esclavizante. El hombre libre no reconocerá más autoridad que aquella a la que se someta él mismo. No habrá ciudadanos de primera y de segunda categoría. Surgirán la fraternidad, el respeto mutuo y la solidaridad, que es distinta de la caridad. Se esparcirán la educación y la cultura. Florecerán las artes y dejarán de ser consideradas patrimonio de algunos para comenzar a serlo de todos. Entonces nuestro país será, verdaderamente, latumba de los libres”. Sólo entonces se podrá empezar a hablar de igualdad, porque en la actualidad ella no existe más que como una quimera del mundo académico; es letra muerta. No existe en la realidad, ni tampoco en la mente de los chilenos.

Nota: sé que cuando se escribe sobre estas cosas se suele hacer con mucha rabia o resentimiento, y lo entiendo, porque es un tema tan triste que genera impresiones fuertes. Aunque no lo parezca, he tratado de abstenerme de insultar o herir a nadie y de escribir simplemente lo que observo. Seguramente lo he hecho de forma torpe. De cualquier manera, son simples opiniones, y las opiniones no hacen daño. Si he ofendido a alguien, pido sinceramente perdón; todo lo he dicho sólo porque creo que es lo mejor para Chile.

Anuncios
Tagged with: ,
Publicado en Sin categoría
2 comments on “La Herida de Chile
  1. Jorge Soini dice:

    Terrible verdad.
    Hay que cobrar ahora aquello de que “Chile ya no es el mismo…..”, demandar a las autoridades para un buen sistema de educacion.
    Es preciso aprovechar que ahora la mirada del resto del mundo esta todavia volcada a nuestro pais, gracias a los 33 mineros, los rescatistas y las autoridades que intervinieron.

  2. […] Gutiérrez  (el futuro abogado y músico que escribió una columna muy buena hace un tiempo, La Herida de Chile) se paleteó y arregló las fallas que tenía la Hamer. Además me dijo unos datos que yo […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: